No se tiene muy claro cuando se fabricó por primera vez el vidrio, al menos cuando se empezó su fabricación como producto específico, aunque sí se puede establecer una correlación con la fundición de bronce y la fusión de otros metales, ya que al alcanzarse elevadas temperaturas con el fuego se producían escorias que daban lugar a la formación del vidrio.
En Egipto ya debieron de fabricar recipientes de vidrio, fundidos en arena, unos 1500 años antes de Cristo y en la época de los Césares romanos se desarrollaron ya en algunos lugares gran cantidad de fuentes, vasos y sobre todo vajillas, cuya superficie exterior irisada brillaba con reflejos, con los colores del arco iris. También en época romana se descubrieron las pipas de vidriero, que permiten soplar el vidrio para conseguir espesores delgados en las paredes de los recipientes. Este método se sigue utilizando en la actualidad.
Los vidrieros fabrican con estos tubos de soplado de aproximadamente 1 metro a 1,5 metros, todo tipo de vasijas de vidrio de formas artísticas.
En la Edad Media se establecieron en Europa Central muchas instalaciones de fundición de vidrio en los bosques, que debieron de cambiar de lugar en cuanto se acababa la madera empleada como combustible. Ya en el siglo XVII se empezó a utilizar el carbón para producir el fuego, por lo que los fabricantes de vidrio se convirtieron en sedentarios.
El arte de la cristalería de Bohemia ya se dio a conocer en el siglo XVII, con sus originales cristalerías de decorados alternados. De igual manera se empezaron a crear en Nüremberg los denominados trabajos de “corte de vidrio”. Se realizaban diversos cortes con pulido plano en unas ruedas cilíndricas de piedra de diferentes tamaños. Finalmente se realizaba el pulido de acabado con trozos de madera o de corcho.
Realmente, el principio de la fabricación de vidrio permanece invariable desde comienzos, pues las materias primas de base y las temperaturas de fusión no han sido modificadas. Por el contrario las técnicas si han cambiado para convertirse en un proceso de producción con un funcionamiento perfecto, de manera que hoy es posible disponer de vidrio para cualquier campo de aplicación.
El vidrio está formado por la combinación de ácido silícico con álcalis y cal u óxido de plomo y a veces con flúor (para la fabricación de vidrio lechosos), ácido bórico y ácido fosfórico. Los diferentes tipos de vidrio requieren diferentes mezclas de los materiales base. El vidrio fundido, que será el más conocido, se fabrica con arena, sosa, sulfatos, caliza y algunos materiales base en pequeña cantidad.
Con la industrialización se emplean grandes hornos de fusión de los que se obtienen placas de vidrio laminadas o fundidas y como el vidrio puede ser refundido, se suelen añadir a las mezclas de material en bruto, trozos de vidrio viejo procedentes de roturas.
Los bloques de vidrio se fabrican en moldes y la masa se funde a una temperatura de 1500º C, pero luego se enfría a aproximadamente 1220º C, para las posteriores operaciones de elaboración.
Para los trabajos en vidrio se precisan pocos útiles. El elemento más importante será el cortador de vidrio. Antiguamente consistía en un diamante industrial colocado en la punta de un mango, pero no resultaba fácil realizar un corte correcto, ya que sólo se consigue cortar en un ángulo adecuado. En sustitución a este cortador ha aparecido un cortador de vidrio que funciona con una pequeña rueda metálica.
Es interesante apuntar que el vidrio presenta la particularidad, respeto a otros materiales sólidos, de que no admite casi ninguna deformación. Esta fragilidad se aprovecha para el corte. El vidrio se rompe siempre en el punto en que se efectúa un esfuerzo de tracción. El recorrido de la línea de corte deberá realizarse de una sola vez y apretando con la misma fuerza de principio a fin. Si no se hace de esta manera y no se hacen coincidir bien los cortes, el vidrio se partirá de forma inadecuada e incluso transversalmente a la línea deseada.
El grabado en vidrio es conocido como “grabado a diamante”. Se empezó a utilizar en Venecia a mediados del siglo XVI y consiste en realizar grabados en la superficie de cristal por medio de esquirlas de diamante duras. Estos trabajos de grabado requieren mucho tiempo y grandes dosis de paciencia. Otro tipo de decorado denominado “decorado Stipp”, se realizaba igualmente con diamante. Este método se desarrolló con muchísimo éxito en Holanda durante los siglos XVII y XVIII.
Durante estos siglos se produjeron gran cantidad de descubrimientos, entre ellos el “vidrio de gabinete”, que se adaptaba para la fabricación de grabados en vidrieras por la fusión de colores de vidrio incoloro.
El arte de las vidrieras de la Edad Media resulta inimitable y de gran belleza. El vidrio de colores junto con la luz, nos causa una profunda impresión. Enrique VIII, por ejemplo, hizo grabar su retrato en el siglo XVI en una espléndida vidriera donde aparece rodeado del blasón de su reino y de los nobles de su familia. Pero en el arte contemporáneo podemos encontrar espléndidas vidrieras como las realizadas por el pintor y grabador ruso Marc Chagall en el edificio de Naciones Unidas de New York, donde se puede apreciar una gran fuerza expresiva mediante los colores creados.
Hacia finales del siglo XX, un joyero de nombre Louis Confort Tiffany, consiguió alcanzar el más alto detallismo dentro de sus obras. Construyó lámparas, hoy consideradas obras maestras, con composiciones de dibujos de diferentes formas y colores, que de forma clara han creado un estilo original e inimitable. La realización de todos estos magníficos detalles requerían una gran cantidad de tiempo y sentido artístico.
La masiva producción industrial de todo tipo de vidrio nos permite hoy por hoy su aplicación en campos tan diferentes como la construcción de viviendas o incluso en el telescopio especular para la observación celeste, cuya lente constituida por macizo disco de vidrio, tiene un diámetro de 5 metros y pesa casi 15 toneladas. Pero es indudable que también se han realizado grandes obras de arte con este material, como la gran cantidad de vidrieras de la Edad Media que hoy conservamos en grandes iglesias y catedrales.

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