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Vasily Surikov

Vasily Surikov es uno de los mayores representantes del arte ruso de todos los tiempos, conocido y valorado, sobre todo, por su realismo histórico y por sus emocionales y expresivos retratos.

Nace en Krasnoyarsk, en Siberia, en el seno de una familia de valerosos cosacos y es nieto de uno de los atamanes que luchó junto a Ermak por la conquista de Siberia y por la unión de la tierra rusa. El Krasnoyarsk de 1848, año en el que nace, es un pueblo anclado en el tiempo, un lugar donde las tradiciones, costumbres y rituales ancestrales perduran, se mantienen vivos; un Krasnoyarsk, en el que los relojes están congelados. Su padre muere muy joven y el jovencito Surikov crece al calor de una madre comerciante que le transmite los valores y tradiciones de su cultura, la cosaca. Una cultura temperamental y apasionada que encierra rasgos de fatal y terrible brutalidad.

Con 5 años ya monta a caballo, con siete, caza y se divierte saltando cascadas de siete metros, todo un juego de niños.

Surikov recuerda incluso la primera vez que presenció una ejecución. Recuerda que incluso le pareció hermoso el contraste de la camisa roja del verdugo con el cadalso negro. Un buen día, sin embargo, sucede algo que le estremece. Un detalle hace zarandear su alma. Es una ejecución como otras muchas, pero esta vez el reo es un joven muchacho que sosteniendo una vela, proclama sin palabras que se le han negado sus derechos como cristiano y que se ve, por lo tanto, doblemente condenado. Esto horroriza y llena de inquietud al jovencito Surikov y le llevará años más tarde a pintar uno de sus cuadros más impresionantes: “La mañana de la ejecución de los Streltsy”.

Serán muchos los obstáculos que Surikov tendrá que superar para convertirse en artista en un ambiente tan hostil para el arte como la estepa siberiana, en donde hudoshnik (artista) suena igual que hudo (malo). Su destino, sin embargo, y a pesar de todo, está ya escrito y así es como su profesor de escuela y descubridor Grebnev, al percatarse del talento del muchacho, le dedica parte de su tiempo haciéndole descubrir la naturaleza y los cuadros de Rafael y Tiziano, cuadros que un todavía inexperto Surikov copiará con devoción. La Providencia también echa su granito de arena al querer que esos dibujos lleguen a manos del gobernador Samiatin y de Kusnetsov, el propietario de unas minas de oro. El primero envía sus diseños a la Academia de Artes de Sant Petersburgo, el segundo lo envía a él ofreciéndole una beca de la que disfrutará hasta el final de sus estudios. 

Al cabo de siete años, y una vez finalizada su etapa estudiantil Surikov abandona la fría y aristocrática Sant Petersburgo para trasladarse al meollo de la cultura rusa: Moscú. De esta ciudad disfrutará del olor a historia de sus callejuelas, de sus plazas, de sus monasterios y se perderá en los aledaños de la Plaza Roja, en Kitai Gorod, el barrio más antiguo de Moscú, un lugar donde recogerá infinidad de impresiones, de recuerdos, que luego plasmará en sus cuadros históricos. Tras la realización de unos retablos para la Catedral de Cristo Salvador emprende lleno de pasión la primera de sus grandes obras: “La mañana de la ejecución de los Streltsy”.

El 10 de octubre de 1698 Corb, secretario de la embajada italiana, testigo de la ejecución de los Streltsy escribe en su diario: “Cien eran los condenados y cien eran los que sujetaban entre las manos una vela, para no morir sin luz y sin Cristo”.
En el cuadro aparecen siete velas que simbolizan la vida y la muerte, como siete son también las cúpulas de la Catedral de San Basilio. Estas velas que arden a la luz del día son el corazón de la obra, representan la vida a punto de extinguirse, lo efímero de ésta. Revelan asimismo una injusticia, la de la ejecución de un cuerpo del ejército del zar, condenado a muerte y privado de sus derechos cristianos por oponerse a la brutal política reformadora de un déspota. En el cuadro no todas las velas arden. Las apagadas simbolizan muerte y entre las encendidas hay una que brilla más que las otras, la del strelets pelirrojo, cuya digna mirada cruza como un rayo el enorme cuadro para encontrarse con los ojos despiadados de Pedro el Grande.

Esta obra despierta el entusiasmo de la época al revitalizar un hecho histórico casi ya olvidado por todos y consigue llamar la atención del coleccionista de arte más importante de toda Rusia, Pavel Tretiakov, quien expondrá éste y otros cuadros suyos en su prestigiosa galería. Gracias a este mecenas, un Surikov de 33 años ve aumentar su prestigio y ve llenas por primera vez sus arcas, lo que hace que pueda emprender numerosos viajes por toda Europa. Alemania, Italia, Francia, Austria e incluso España serán algunos de los destinos de este bravo cosaco. En sus viajes degustará y asimilará los más diferentes estilos pictóricos, que culminarán con un acercamiento al renacimiento italiano en la utilización de los colores, como se apreciará en una de sus obras más conocidas: “Boyarina Morozova”.

Su vida tras su primer gran éxito se transforma. Contrae nupcias con Elisabeta Share y fruto de esta unión nacen Olga y Lena. En el oscuro y lluvioso verano de 1881 y durante unas vacaciones con su mujer y sus hijas en su isba en Siberia le llega la inspiración para su siguiente cuadro: “Menshikov en Berezovo”. Las condiciones atmosféricas de ese verano le recuerdan al destierro del favorito del zar, acaecido tras la muerte de Pedro el Grande. En este cuadro su esposa gozará de un papel protagonista caracterizando a la afligida hija de Menshikov.

Es evidente que todos los personajes de Surikov tienen muchos puntos en común, son intrépidos, indoblegables, valerosos y todos son condenados. Del mismo modo la creación de éstos se debe a momentos de fuerte y súbita inspiración. Los Streltsy nacieron de una vela y de una primera impresión en la Plaza Roja, Menshikov de ese terrible verano en Siberia y la boyarda Morozeva de un cuervo negro sobre la nieve.

De 1884 a 1887 realiza numerosos bocetos para la recreación de un importante episodio de la historia rusa del siglo XVII: corre el año 1671. Las nuevas reformas proclamadas por el patriarca Nikon provocan un cisma en la iglesia ortodoxa que divide al pueblo. Los Viejos creyentes se niegan a aceptar las nuevas directrices de Nikon y serán por ello perseguidos. Entre ellos destacará la heroica “Boyarynia Morozova”. Este cuadro que representará el punto más álgido de la carrera de Surikov, narra la terrible humillación de la boyarda (noble) en el momento en el que es conducida por todo Moscú para que sea ridiculizada por el pueblo, antes de ser condenada a prisión. En el cuadro, Teodosia, arrastrada por un trineo, penetra en la muchedumbre provocando todo tipo de reacciones. Desde compasión hasta ira, pasando por indiferencia, sin olvidarnos de la alegría un poco sádica de alguno de los personajes.

En 1888 muere Lisa, su adorada esposa, a causa de una larga y dolorosa enfermedad. El pintor ve extinguirse poco a poco la llama de su amada y la suya, ya que la muerte de Lisa le sumirá en una profunda depresión que le hará abandonar temporalmente los pinceles. Pasará algún tiempo antes de que Surikov retome de nuevo la pintura. Lo hará con “Curación de un ciego”, una especie de autocuración para un Surikov perdido en un exagerado fervor religioso. Poco después se traslada a su hogar de la infancia, a Siberia, donde recuperará la inspiración perdida y donde pintará el cuadro más alegre de toda su obra. Un cuadro que simboliza sus orígenes cosacos y que recrea un juego típico de sus años mozos: “Tormenta del Fuerte Nieve”.

Surikov reanudará su trayectoria heroico-histórica con Yermak, el protagonista de su siguiente obra, el conquistador de Siberia. Éste será el momento en que un Surikov tocado y al mismo tiempo ansioso de conocimientos realice numerosos viajes a lo ancho y largo de Siberia para impregnarse así del alma de su nuevo personaje. Su viaje durará tres años, del 1891 al 1894. Fruto de éste será “La conquista de Siberia por Yermak” (1894), al que sucederán en años posteriores las acciones valerosas de Stepan Razin, un valeroso cosaco y Suvorov en los Alpes: “Las tropas del Generalísimo Suvorov cruzando los Alpes” (1899).

El tema principal de la obra pictórica de Surikov es el pueblo, la masa popular, con sus múltiples facetas, con sus grandes sentimientos y sus grandes penas, con su euforia exagerada y con su melancolía más profunda. Todo es grande y desmesurado en la apasionada alma de un cosaco como Surikov. Sus obras transmiten el espíritu de una época lejana incluso para él, en la que unos personajes cargados de expresividad parecen querer salir del cuadro, parecen querer hacernos partícipes de sus sentimientos.

Al lado de sus pinturas históricas, que son las más conocidas, Surikov realiza innumerables retratos femeninos y autorretratos. Muere el 6 de marzo de 1916 y se le entierra junto a su mujer en el cementerio Vagankovo de Moscú.

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...por Olga Cabezuelo ...por Olga Cabezuelo


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1 comentario en Vasily Surikov

  1. El cuadro “Ejecución de los Streltsi” es una gran obra de Surikov, cargada de gran realismo.

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