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Neoclasicismo: El estado puro del Arte

El predominio de lo intelectual sobre lo vital, de lo consciente sobre lo espontáneo; la sobriedad, pureza estilística y la serenidad, definen una corriente estética que abarca desde el siglo XVIII hasta mitad del XIX.

Se constituye a partir de una serie de estrictas normas, extraídas del estudio teórico del arte griego y romano, en incesante búsqueda de la ejemplaridad del pasado y la serenidad de lo clásico. El racionalismo, que propugna la ruptura con los prejuicios de la tradición religiosa y política del cristianismo, el concepto intelectual de belleza, la adoración de las proporciones y la geometría, sintetizan las nuevas tendencias filosóficas.

Los descubrimientos arqueológicos de la Grecia Clásica engendraron la identificación de lo primitivo, que los ilustrados defendían como “el estado puro del hombre”. Las ciudades griegas, de admiradas repúblicas democráticas, se proponen como símbolos para la sociedad cristiana. El Neoclasicismo se consagra, como el movimiento artístico que más desdén ha mostrado por las manifestaciones estéticas y culturales no afines a sus postulados. Francia se convirtió en el epicentro del movimiento, y desde allí, sus doctrinas ejercieron su predominio a lo largo de todos los países europeos y de Norteamérica, influyendo tanto en la arquitectura, como en el resto de artes figurativas.

En la arquitectura, es donde más rotundamente se manifiesta la unión entre la sobriedad clásica y el estilo propiamente neoclásico. El fanatismo de la doctrina neoclásica, instigado en gran parte por motivos ajenos a la estética, originó de forma pionera una violenta oposición, entre barroquismo y clasicismo, que rebaso los extremos destructores de irreemplazables obras de arte. Debido al gran peso del barroco en España, el arte neoclásico se enfrentará a una mayor resistencia, que desde mediados del siglo XVIII se combate con el esfuerzo en la depuración de formas.

Ventura Rodríguez respetado como clasicista consumado, aflora en sus obras frecuentes influencias del barroco dieciochesco italiano. Pertenecen al conjunto de sus construcciones, la remodelación del templo del Pilar de Zaragoza, la Catedral de Pamplona y la Iglesia de los Agustinos de Valladolid. Juan de Villanueva se consagra como la figura más importante de la arquitectura puramente neoclásica. La obra que le situó definitivamente en la Historia es el actual Museo del Prado, en la que logra conciliar la monumentalidad clásica con la modernidad de su tiempo, sin perder la funcionalidad de la obra. El Observatorio Astronómico, la construcción que más se acerca al purismo neoclásico, es toda una síntesis de la nobleza creadora de este arquitecto. 

En la escultura, la austeridad e imitación de la antigüedad que impone la rigidez académica, se razona intelectualmente sobre su belleza, dando lugar a una fría estatuaria que simplemente comunica, la corrección de las poses y las medidas.

El italiano Antonio Cánova, en un intento de represión de su sensibilidad, para confiarse plenamente a las normas de la Academia, se inspira directamente en los modelos romanos. Abandona paulatinamente los restos del barroquismo veneciano, que reflejan sus primeras obras, para alcanzar una colmada factura neoclásica en sus temas mitológicos. Posteriormente se desplazará a París, donde realiza retratos alegóricos a personajes del panteón romano, de Napoleón y su familia. El más famoso es el de Paulina Bonaparte como Venus.

En la pintura, aparece con frecuencia un sentimentalismo reñido con los postulados clasicistas. Puesto que no disponían de modelos pictóricos, imitaban las formas clásicas de las esculturas, hasta el límite de rechazar el uso del color. Sin embargo, los artistas buscan la representación de una moraleja social o patriótica, incluso favorable a un determinado régimen político, como sucede con los pintores napoleónicos.

Jacques Louis David, pintor claramente didáctico, máximo representante de la pintura neoclásica, consigue reflejar con exactitud la trayectoria de los acontecimientos revolucionarios hasta el fin del imperio napoleónico. El dibujo y la inquietud por el relieve dominan puramente sobre el color, contribuyendo a la instauración del estilo más purista. En el Juramento de los Horacios, cuadro que levantó enorme entusiasmo en la época, se inspira en el convencionalismo de Grecia y Roma como modelos democráticos. Puso sus pinceles al servicio de los paradigmas revolucionarios, que quedaron plasmados en su Juramento del Juego de Pelota. En El Marat muerto, considerada obra maestra, se combina una auténtica fuerza trágica, no muy usual en el arte neoclásico.
Con intención didáctica pinta el cuadro de Las Sabinas, en un llamamiento a todos los partidos a la concordia bajo el Consulado. La intención estética de este cuadro es afinar la crudeza romana del Juramento de los Horacios, bajo el influjo de la “gracia griega”. Esta obra concedió al artista la decidida protección de Napoleón y el puesto de pintor de cámara, del que disfrutó durante el Imperio.

Otro gran pintor y máximo representante del Neoclásico francés fue Jean Auguste Ingres, que supo evolucionar dentro del clasicismo, hacia una técnica más pictórica. Abandona el ideal de la escultura como modelo, para estudiar con gran entusiasmo a Rafael, admiración que se manifiesta en la Apoteosis de Homero, inspirada en El Parnaso de la Signatura. Los desnudos de Ingres tienen una gran pureza de líneas, pero en ellos asoma una sensualidad ajena a la frialdad neoclásica, los cuerpos dejan de ser modelos aristocráticos de estatuas antiguas. En La bañista de Valpinçon, refleja la poética de la belleza ideal, a la que aspira, mediante un juego de relaciones establecidas entre la línea, el color y la luz.

El pintor alemán Antonio Rafael Mengs, abandonó la pintura al pastel para convertirse decididamente al neoclasicismo. Es invitado por Carlos III a España para pintar el Palacio Real de Madrid, que contribuye a la redacción de su credo artístico. La gran minuciosidad y el cromatismo brillante caracterizan el estilo de Mengs.

La estética de Ingres y Mengs es asimilada perfectamente en la obra de Vicente López, como la culminación estética del academicismo. Gran dibujante que consignó triunfar sobre la alternativa goyesca, al adjuntarse a la estética de su tiempo, en lugar de adelantarse como hizo el genial artista aragonés.








...por Beatriz Anta ...por Beatriz Anta


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2 comentarios en Neoclasicismo: El estado puro del Arte

  1. Jacques Louis David y Jean Auguste Ingres son para mi los mejores representantes de la pintura Neoclásica.

  2. El Neoclasicismo tomó de la Grecia clásica su fuente de inspiración y creo que fue un gran momento para recordar una época olvidada.

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