Una obra sencilla, galante y amable, que encierra todo el saber del pintor español, cuya trayectoria presenta el conocimiento de toda una era.
En una Europa de conflictos y una España cargada de cambios dinásticos y culturales, vive Francisco de Goya y Lucientes, el pintor más representativo de dicha época. El cual, no sólo actuará de cronista de estos cambios, sino que también otorgará a la historia su propia visión de los hechos. Todas las crisis económicas, sociales o intelectuales son asumidas por Goya para después ser transformadas en trazos y líneas pictóricas, cargadas de sentimiento y sentido. Goya asiste al final del barroco, a la eclosión de la Ilustración y al nacimiento del absolutismo.
La célebre enfermedad del pintor coincide con las alteraciones revolucionarias francesas ya en plena Edad contemporánea, a la vez que con el periodo de terror, de hondas consecuencias políticas para España. Es la época del ascenso de la Burguesía a la vida económica y con ello, del cambio de los valores predominantes; es el momento del rebrote de los idealismos nacionalistas y de la aparición de la democracia, en Francia, de manos de la revolución; en España por la Guerra de la Independencia y las Constituciones de Cádiz. La conclusión es obvia, si casi siempre es necesario profundizar en la biografía del artista para comprender su obra, con Goya es indispensable seguir la evolución de su vida para descubrir al pintor. Nuestro artista zaragozano salió de su pueblo natal, Fuendetodos, para llegar a la gran capital, donde las múltiples posibilidades se abrían ante él como un gran abanico. La Ilustración le convenció y deslumbró; sus contactos con la nobleza le hicieron poder acceder a un plano social de grandes personajes e intelectuales; y finalmente el contacto directo con el Rey hizo mella en su psicología y en su obra. Los años en los que se sucede la Guerra de la Independencia, y antes de que la cruda realidad histórica invada la mente del artista, Goya se dedicará a encargos de otra índole, de carácter galante. Quizás movido por la necesidad económica o por la inestabilidad circundante, se decide a realizar obras suaves donde el trasfondo social no deja de estar presente, pues parte de la naturaleza del propio genio.
En el cuadro que aquí nos ocupa vemos a dos bellas mujeres, vestidas de Majas; de ahí el titulo, apoyadas en la baranda de un balcón, como ofreciendo sus encantos. Mientras dos fornidos jóvenes embozados las protegen y vigilan detrás, manteniéndose alerta y entre las sombras. Dos interpretaciones se pueden hacer de esta imagen. Por un lado la de índole social donde dos bellas mujeres ofrecen sus servicios a través del balcón mientras sus proxenetas las controlan desde la sala de detrás. En otra línea se encuentra la idea de la galantería, donde dos féminas aristócratas se divierten mirando la calle mientras dos jóvenes les protegen. Sin embargo, si atendemos a la obra de Goya, sería mas acertado creer la primera versión pues se acerca mas a sus demás obras. Quizás el sueño del zaragozano, basado en la razón y en la imperante Ilustración se veía roto por los verdaderos sentimientos del pueblo; lleno de vicios y pecados; que se alejaban del mundo ideal propuesto para mostrar la verdadera cara de la vida. Toda la escena se envuelve en un claroscuro característico, lleno de contrastes cromáticos, con una pincelada rápida pero concisa en algunos detalles cargados de sentido, tales como los encajes o calidades de las telas. Este modelo de retrato o de escena en sombras, así como el tema puramente goyesco fue continuado por Eugenio Lucas y Padilla, en pleno neoclasicismo español, y sobre todo por el gran pintor francés Edouard Manet; el cual reinterpretó la obra, en otra suya, adaptándola al arte de su época.
El tema de las mujeres al balcón es probable que esté inspirado en la obra de Murillo conocido como “Las Gallegas a la Ventana”, que en aquellos entonces se hallaba en una colección madrileña. Es un tema del siglo XVII presente en el Romancero Español de aquellos años, donde dos mujeres de mala vida se asoman al balcón de una casa o de una posada, y eran ilustraciones usadas para estos textos. Así Goya, en este momento de incertidumbre en su país, donde los franceses se han hecho con el poder, y él se ve dividido entre sus inclinaciones ilustradas representadas por este mundo francés, frente a su amor patrio y el sufrir de su pueblo; decide realizar varias obras de esta índole, marcadas por la galantería, y aparentemente alejadas de la critica social. A su vez, trata en esta obra un tema recurrente en su pintura, la representación de la mujer.
Teniendo en su trayectoria artística diferentes tratamientos hacia ellas, desde un tono íntimo como el visto en sus obras la Maja, desnuda y la Maja, vestida; hasta este, de carácter costumbrista ligado a la tradición del majismo; pasando por el usado para los cuadros familiares o los oficiales realizados para la corte. Sin embargo, a veces estas mujeres galantes y costumbristas tienen también otro simbolismo añadido, como puede ser el caso. Aprovecha estos temas alegres o tradicionales para exponer algún tipo de crítica o sátira social, que generalmente estaba relacionado con la presión o sometimiento a la que esta estaba sometida por la sociedad.
En conclusión, en esta obra Goya juega con las apariencias y la ambigüedad. Por un lado el tema galante cargado de alegría e ingenuidad, se alza para dar paso a una verdadera crítica social, denunciando la prostitución y la extorsión a la que estaban sometidas estas mujeres, controladas y utilizadas aquí por estos dos hombres que se hallan a sus espaldas. En resumen esta obra significa, como tantas otras, un momento clave en su trayectoria artística pero también dentro de su vida y pensamientos. Goya representaba el sentir del pueblo a través de su pintura, la alegría, el sufrimiento, la realidad, tal y como él la veía y sentía. En sus importantes obras de tema social, nuestro artista ataca sistemáticamente los problemas económicos, sociales y políticos más acuciantes de España, los vicios del hipócrita clero, la incultura de gran parte de la nobleza, la estúpida y bárbara represión inquisitorial, los excesos de la guerra y la violencia acontecida, la prostitución y la explotación de la mujer, el oscurantismo y la superstición imperante dentro de la sociedad. En estos trabajos Goya se muestra como un hombre ilustrado, amante de las libertades y autentico humanista, consciente de su entorno, comprometido con su pueblo y cercano a sus problemas. Del mismo modo goza de sus alegrías y comparte sus momentos de desinhibición y fiesta, plasmándolos también en su obra. Surgiendo así obras como estas, de bella manufactura y de profundo mensaje, todo ello envuelto en el mejor papel de regalo que Goya conocía, su pintura. Méritos que permiten alzarlo hoy al puesto de honor de la fecunda ilustración española, ganado con su pincel y con su incisiva pluma, a través de su obra plástica y de los acerados títulos con que bautizó sus creaciones gráficas.
No hay obra de Goya que no muestre su emoción creadora ante la realidad, en la que no se refleje la melancolía, la fuerza de aquel aragonés irascible y agudo llamado cordialmente por Don Ramón Gómez de la Serna como “Calavera gruñona de la verdad”.

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