Mágico, misterioso, estático, así nos muestra Chirico su mente a través de su extraño mundo pictórico. Giorgio de Chirico siempre ha sido considerado un artista independiente, individual, que nos mostró un mundo ajeno a cualquier movimiento de su época.
Este pintor griego de nacimiento, y de padres italianos nació a finales del siglo XIX, en 1888, y su gran aportación a la historia del arte fue la creación de la pintura metafísica. Dicha sensibilidad pictórica se debió a una serie de circunstancias que acaecieron a lo largo de su vida, las cuales le guiaron hasta lo que hoy conocemos por escuela metafísica. La vida de Chirico como artista está marcada por la temprana muerte de su padre en 1905 y por otro lado, por la estancia en Alemania, concretamente en Munich, donde dio forma a su pintura. Allí ingresó en la Escuela de Bellas Artes, tras haber comenzado ya a pintar en sus primeros años en Grecia, y en su paso por Florencia. De ambos lugares su memoria había atesorado imágenes y recuerdos que mas tarde serían significativas en la compresión de su obra. Sin embargo curiosamente, y al contrario de lo sucedido en la mayoría de los artistas, la base de la teoría metafísica desarrollada por Chirico no parte de la obra pictórica de otros maestros, o del arte de otras épocas; sino de la literatura. Los textos que llegaron a sus manos por aquellos entonces fueron los que introdujeron ideas claves que mas tarde plasmaría, a su modo, él en sus lienzos. Entre estas obras literarias debemos destacar la obra de Schopenhauer, y sobre todo la de Nietzsche, cuyas ideas influyeron directamente sobre la mente del artista. Así tras conocer estos textos Chirico sale de Alemania para llegar a París, donde termina de tomar forma su arte.
En Paris, conocerá de primera mano el movimiento surrealista, será admirado por los artistas componentes de dicho movimiento, e incluso expondrá con ellos. Aunque es cierto que con el paso de los años, Chirico llegó a enfrentarse con algunos de sus componentes como fue el caso del polémico André Breton, sin embargo no se puede negar la influencia o huella que dejó en obras de Dalí, Magritte o Ernst. Tras la primera guerra mundial, el destino lo devuelve a Italia, concretamente a Ferrara, destinado allí para cumplir el servicio militar, donde realizará la obra que aquí nos ocupa, Las Musas Inquietantes. Fue aquí donde conoció además, a quién sería un buen compañero de trayectoria artística Carlos Carrá, pionero del movimiento futurista. Fue durante la época que pasó junto a Carra, cuando se denominó por primera vez pintura metafísica a aquello tan poco usual que Chirico pintaba en sus lienzos. La palabra metafísica es la transliteración de una expresión utilizada por Andrónico de Rodas en el siglo I a.C. para llamar a los catorce libros de la filosofía primera, cuyo concepto es la filosofía que está detrás de los físicos. No tiene pues, ninguna traducción en griego o en latín como palabra al uso. Sin embargo, el uso posterior del término quiso significar aquello que estaba mas allá de lo natural, aspecto filosófico que recoge la obra de Chirico. La pintura metafísica tal y como nos la presenta el artista italiano se compone de varios aspectos físicos, pero también psíquicos. Por un lado, se hallan presentes sus conocimientos del arte griego, y del arte estático promovido por Giotto o Masaccio en la Florencia del siglo XV. Por otro lado tiene un fuerte componente filosófico, donde se aúnan las teorías de Nietszche, donde prima la ausencia de sentido y el mundo cargado de enigmas insólitos. Unidos estos a un sustrato surrealista, donde el psicoanálisis de Freud toman protagonismo para crear mundos irreales dentro de ámbitos reales. Todos estos datos son imprescindibles para entender una de sus obras maestras Las Musas Inquietantes.
La trayectoria del artista puede dividirse en dos etapas, donde la primera estará protagonizada por el uso de estatuas como modelos y por la sucesión de arcadas como espacios arquitectónicos; mientras la segunda da paso a una mayor presencia de maniquíes y escenas en interiores. A esta primera época pertenece este lienzo, pintado en 1916, donde dos estatuas clásicas se recortan fríamente antes un misterioso fondo, donde se observa el Castillo de Ferrara, lugar donde ahora vivía el pintor. La presencia de estos objetos impregna el lienzo de pequeños retazos de la metafísica, cuya forma ha adquirido con anterioridad en la mente del creador. Chirico, intenta alcanzar el ser último del objeto, su trasfondo psicológico, aislándolos de la realidad, descontextualizándolos de su función, en un escenario enigmático lejano a lo cotidiano. Durante su estancia en Turín, unos años antes, la visión de sus edificios y monumentos impactaron fuertemente en la filosofía de Chirico, creando en su mente unas nuevas formas de concebir la arquitectura dentro de su pintura. Su nuevo universo está aquí trasformado en calles y plazas vacías, llenas de sombras, donde escasos peatones cruzan rápidamente el espacio, parece que todo lo que allí se halla presente este en un momento de emoción contenida, expectantes ante un próximo suceso que desconocemos, pero que nos implica directamente, creando en nosotros la misma sensación de intensa atención.
Por otro lado los volúmenes, los edificios, las mismas estatuas, o las chimeneas del fondo, crean un mundo lleno de sombras vacías, y resaltan las luces estáticas que paralizan el tiempo, convirtiendo la escena en un escenario estático, congelado en el espacio que la rodea. La intención más relevante de Chirico con este tipo de soluciones y de obras, era la de llegar al mas intimo sentimiento del objeto, de mostrarnos una realidad diferente, donde las formas y los volúmenes tomaban el protagonismo, colocándolos en mundos reales y comunes, pero convirtiéndolos, a base de soluciones lumínicas y formales, en lugares ajenos al espectador, donde el misterio y lo enigmático daba paso a un juego continuo de interpretaciones, donde todas son validas. Por otro lado, esta obra además de enseñarnos los parámetros básicos y el fin último de la concepción de la pintura metafísica, plantea otra pregunta, quiénes son las musas a las que hace referencia. Si nos acordamos de las clásicas musas del mundo griego, solo podemos pensar en Melpómene, musa de la tragedia en el teatro, la única capaz de inquietar al espectador y crear un escenario repleto de incógnitas. Pero si pensamos en el fin ultimo de las musas, que es el de inspirar, promover, inquietar, provocar, excitar los estímulos y proyectar nuestras sensaciones, entonces no cabe duda que las aquí representadas son Musas, pues a través de ellas nos podemos trasladar a un mundo donde nuestros sentidos se sitúan en la frontera del éxtasis, antes de conocer el siguiente movimiento, y dar el gran salto a un mundo nuevo de sensaciones y estímulos. Estas musas provienen de su formación clásica en Grecia, donde pudo conocer este mundo heleno a través de sus textos, pero también a través de su cultura material, aun existente. Las ruinas de templos o acrópolis observadas posiblemente en Atenas, pero también en ciudades más pequeñas, formó un sustrato en el que Chirico proyectaría su idea pictórica.
En resumen, gracias a estas excesivas perspectivas y estos mundos imaginarios y misteriosos, creó Chirico un lenguaje propio e insuperable, pues de lo mas profundo de su ser, del compendio de imágenes adquiridas durante su vida, y su conocimiento del arte y la pintura, alcanzó las metas mas altas del mundo onírico, de la calidad artística y de la superación personal.

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