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La Torre Eiffel: Gustave Eiffel

Cuerpo de hierro, y alma de aire, así se nos presenta la torre más significativa de París, monumento a la modernidad y a la ingeniería.

Es el paradigma de la ingeniería, y de la contemporaneidad, simbolizando el mundo moderno del siglo XIX, y presentándose ante una sociedad que lo toma como emblema de este desarrollo. Su estructura comenzó a tomar forma en el año 1887, con la intención de estar terminada para la Exposición Universal del 1889, que se sucedería en Paris conmemorando el centenario de la Revolución Francesa. Con ello, la idea original fue crear una torre como emblema de la libertad y de la ilustración, siendo en sí misma una perfecta plasmación de las concepciones promulgadas por la razón y la ciencia. La torre consiguió acabarse en ese año, siendo abierta al público el 6 de mayo del mismo.

La obra fue diseñada por Maurice Koechlin, y proyectada y ejecutada por el ingeniero Gustave Eiffel. Este había presentado su proyecto con anterioridad al ayuntamiento de Barcelona, para que fuera construida allí con motivo de la exposición universal de 1888. Sin embargo, al consejo que se reunió para valorar dicho proyecto les pareció una obra demasiado costosa y complicada para su ciudad. Ante esto Eiffel llevó su proyecto ante los responsables de la siguiente exposición que sería en Paris, los cuales accedieron a su construcción, con la intención de desmontarla al fin de ésta. Gracias a ellos se alzó esta belleza de hierro cuyas características técnicas eran muy novedosas. Se elevó sobre los cielos de Paris, desafiando a las leyes de la gravedad conocidas, intentando por parte del ingeniero alcanzar los 300 metros de altura. Eiffel llevó a cabo un calculo meticuloso, donde todas estas piezas prefabricadas debían encajar a la perfección, teniendo como resultado un original mecano que se adelantaba a los avances tecnológicos. Esta carpintería mecánica sirvió además como verdadero estudio pretecnológico, previendo teorías futuras relacionadas con varios muchos campos. Por un lado se analizó la resistencia al viento que se consiguió alcanzar a pesar de su gran formato, aspectos que pudieron aplicarse posteriormente a las leyes de la aeronáutica. Se utilizó como verdadero laboratorio insitu, y en la segunda plataforma de la torre, se colocó un espacio experimental para observar el efecto de la caída de los cuerpos a gran altura para su posterior análisis y estudio. Incluso fue tal su arraigo a la ciencia, que se extendió la creencia qué por el mero hecho de ascender hasta su cima, había enfermedades respiratorias que podían ser curadas tan sólo con respirar el aire a gran altura. Pero está claro que la mayor aportación de la torre y causa de su actual conservación, evitando su derribo a comienzos del siglo XX, fue la instalación en ella de un soporte de radiotelegrafía, avance tecnológico recién creado. Se utilizó la altura para soportar una estación emisora y receptora de ondas hercianas, pasando así la torre, a tener un papel fundamental en el desarrollo de la ciudad. De nuevo esta construcción y su emisora tuvieron un papel decisivo en la historia de la ciudad, pues a comienzos de la Primera Guerra Mundial, de nuevo la polémica la alcanzó y finalmente se decidió llevar a cabo su demolición. Sin embargo, gracias a su antena transmisora, los aliados tuvieron una ayuda con dicho receptáculo, ya que recibía información de las radios alemanas.

En cuanto a algunos de los datos técnicos curiosos de este armazón de hierro decir que dada la proximidad del río y la naturaleza inestable donde se alzó, los cimientos debieron hundirse hasta treinta metros. A su vez, cada uno de sus elementos sustentantes se sostienen sobre ocho gatos hidráulicos, por lo que en realidad, la torre tiene 32 patas, soportando un peso aproximado de 7.300 toneladas sólo en su armazón original, que se amplia hasta 10.000 en la actualidad debido al incremento de sus actividades, como museo, tienda y restaurante. Fueron necesarios más de doscientos obreros para ensamblar el armazón que consta de unas 18.000 piezas de hierro, con más de dos millones de roblones, siguiendo el diseño estructural de Koechlin. De dichos ensamblajes solo necesitaríamos la mitad para mantenerla erguida, el resto están colocados como mero sistema de seguridad. Seguimos observando la ficha técnica, y comprobamos que se eleva en altura unos 300 metros, un total de 324 sí tenemos en cuenta la antena de radio situada en la cúspide. La idea original fue la de alcanzar unos 350 metros de altura, sin embargo tras la alarma de los vecinos, ante tal impacto visual, y el temor a que se cayera una construcción sin ningún elemento pétreo, decidieron no seguir elevándola más. Finalmente, entre estos datos encontraremos el número de escalones que uno necesita subir para poder tener acceso a las mejores vistas de la ciudad, unos 1.665, menos mal que se colocaron ascensores para facilitar el acceso a tan bello panorama. Junto a ello, otro aspecto a destacar es el uso de más de cinco toneladas de pintura cada cinco años para poder protegerla de la corrosión, y poder dar un aspecto esplendido al edificio más emblemático de la ciudad de las luces. La torre, como ya decíamos, fue ideada para ser un emblema de la Exposición Universal de 1889 en Paris, bajo la concepción de que sirviera de puente de entrada a la misma.

Su creación supuso el cambio radical del cielo y vista de la ciudad parisina, elevando su esbelto cuerpo, desafiando a la gravedad y a los propios vecinos de la urbe, quienes no aceptaron la novedad que ella conllevaba. Nadie mejor que Robert Delaunay, pintor orfista, paradigma y precursor del arte abstracto, para explicarnos lo que significaba esta construcción. Delaunay utilizó la torre de leivmotiv para muchos de sus lienzos, envolviéndola en una atmósfera cambiante, combinando diferentes ritmos en torno a ella, como un objeto fijo dentro del lienzo. Pensó Delaunay, qué ésta sería la mejor manera de que su obra pudiera rendir pleitesía a la vida urbana contemporánea, proyectándola a través del mejor símbolo, creado hasta el momento, de modernidad. Pero esta edificación tuvo, como ya hemos dicho, muchos detractores que estaban movidos por el miedo a la novedad y a ese avance tan ajeno a sus mentalidades. Sin embargo, tal grandiosidad no pasó desapercibida, y pronto hubo grandes filas de gentes esperando su turno para poder subir a aquel edificio monstruoso pero sumamente atractivo. Grandes personajes relacionados con todo tipo de artes y ciencias, dijeron de ella que era el verdadero símbolo de la ciudad de las luces, y que sin ella no podría llamarse de tal modo. Guillaume Apollinaire declaró qué ella era la Pastora de todos los puentes del Sena, mientras Vicente Huidobro decía que era el Carillón de París y el símbolo de Francia.

Era un símbolo, eso quedó claro, que representaba el futuro, alzándose como faro del universo; míticos faros a lo largo de la historia han iluminado y marcado el rumbo del destino de la civilización, al igual que este representaba un momento de cambios marcando el camino al futuro. Aunque en aquellos años representó el avance tecnológico y la presencia del imparable futuro, hoy podemos seguir viéndola como un elemento sin edad, que va mas allá de las pautas y limites históricos, siendo una imagen eterna que representa no solo a la sociedad parisina, sino el camino de muchos ciudadanos, que ven en ella la magnífica obra de arte que es.

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...por Laura Alonso ...por Laura Alonso


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2 comentarios en La Torre Eiffel: Gustave Eiffel

  1. Realmente la Torre Eiffel es una construcción impresionante. Sólo cuando estás debajo de ella eres capaz de poder interpretar correctamente la grandiosidad de la obra.

  2. Es el símbolo de París y una de las construcciones más conocidas a nivel mundial. Hubiera sido un error destruir la torre, tal y como estaba estipulada en el momento de su construcción.

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