Gaudí desató su genialidad y conocimientos para realizar un proyecto desbordante a la par que bello, qué con sus preciosas torres, rasga el cielo de la ciudad condal, Barcelona.
Este templo expiatorio, todavía sin finalizar, es la obra más ambiciosa de un gran arquitecto español, Antoni Gaudí. Sin embargo, la base sobre la que se sustenta la construcción no se debe al genio, sino a Joseph Maria Bocabella i Verdaguer, librero devoto que había fundado en 1866 una asociación en torno a la figura de San José. Este tuvo la idea de levantar dicho templo, encargándole el proyecto a Francesc de Paula y Villar. Fue de este último de quién recogió el legado Gaudí, en 1883. Retomó el proyecto de Villar, pero desarrolló en torno a él una idea totalmente nueva y novedosa, concibiendo un templo de grandes magnitudes con planta de cruz latina, donde poder desplegar todos sus conocimientos.
La idea original de Gaudí era una iglesia donde las líneas verticales predominaran sobre las horizontales, donde la naturaleza se viera reflejada en cada parte y donde el simbolismo estuviera constantemente presente. Pese a ello, hemos de decir, que pronto se dio cuenta que su idea era tan ambiciosa que se prolongaría en el tiempo más de lo previsto, de tal manera que no vio acabada su obra, ni tan siquiera la mitad. Pero si podemos hablar de su idea, de su proyecto y sobre todo, de la parte que pudo construir en vida. Digamos primero que Gaudí estuvo al cargo de las obras hasta su muerte en 1926, tras este suceso una serie de polémicas se cernieron sobre la construcción. En primer lugar su estado empeoró tras la guerra civil española, así como el conocimiento de su idea, pues planos y maquetas fueron destruidos tras un fuego durante estos años. Ya en fechas posteriores, hacia 1965, los periódicos locales levantaron la discusión acerca de proseguir, o no, las obras sin unos planos fehacientemente suyos; considerando más adecuado dejar el templo tal y como se encontraba en esos momentos. Sin embargo, estas opiniones no tuvieron éxito, y las obras siguieron su curso, llegando hasta nuestros días.
Pasemos ahora a ver el templo en sí mismo como proyección profesional y espiritual del mismo arquitecto. Gaudí durante toda su vida tuvo un gran fervor religioso, que demostró a diario tanto en su profesión como en su vida personal. Por ello, concibió esta obra como un gran homenaje a su religión católica. A su vez las líneas elegidas tenían mucho que ver con la naturaleza, otro aspecto que el maestro admiraba sobre todas las cosas. Finalmente, lo ideó como un gran proyecto arquitectónico, dotado de su original inspiración y demostrando un gran alarde técnico. Su idea innovadora veía el templo de Barcelona como la verdadera casa de Cristo, donde cada parte de ella serviría de reconocimiento a su obra y mensaje. Pensó en una planta, como ya decíamos de cruz latina, con una altura espectacular, protagonizada por 18 torres. De estas, 12 serían de menor tamaño, dedicadas a los apóstoles; 4 de una altura intermedia simbolizando a los cuatro evangelistas; otra sobre el ábside y con mayor altura estaría dedicada a la Virgen María; y finalmente, por encima de ellas, presidiendo la construcción, la dedicada a Jesucristo.
De momento sólo hay construidas ocho de ellas, correspondiendo a las primeras y mas bajas del apostolado, rematadas en forma de mitras episcopales, recordando que estos son los legítimos herederos de los apóstoles. Gaudí, junto a la planta y alguna torre, pudo realizar además, en vida, dos de las cuatro fachadas. La primera la fachada del Nacimiento, mira hacia el oriente lugar por donde sale el Sol. En ella, quiso el artista hacer un recuerdo a los comienzos del Salvador. La concepción espacial de Gaudí estaba basada no solo en las líneas verticales y sencillas, sino también en el mayor respeto a la realidad, de ahí su afán de admirar e imitar las formas de la naturaleza. En esta fachada del Nacimiento quiso el maestro representar la alegría por la llegada del Señor. Por ello la realizó creando un todo, compuesto en forma de gran portal de Belén. Para esta portada desarrolla toda su capacidad creadora, para asombrar e impactar al visitante, con la naturaleza y fantasía desprendida de su mente, que se mezcla para dar como resultado una composición nunca vista ni creada por mano humana. Bajo este portal se dan cobijo a todas los personajes relacionados con este momento de la vida de Jesús, y además se separa la entrada por tres arcos, siendo el central, el del Amor o de la Caridad, el más amplio, cuyas figuras representan escenas del mismo nacimiento. A su izquierda el Portal de la Esperanza, con escenas significativas de la degollación o de la huida a Egipto. Mientras a la derecha, se encuentra el Portal de la Fe, con escenas de la Anunciación. Podemos resaltar de este portada la cantidad de detalles que encontramos, donde Gaudí pudo desarrollar su imaginación, creando árboles con pajaritos, o el espectacular ciprés con palomas blancas, cuyo color verde es conseguido a base de cristales de botellas.
Lo siguiente que nos queda de mano del artista catalán es la Fachada de la Pasión, en las antípodas de la anterior comentada. Esta simboliza lo contrario al nacimiento, de ahí el sentido de su localización. Esta fachada la concibió mucho mas minimalista, pero en la actualidad se encuentra ya completada por las figuras escultóricas realizadas por Subirachs, que se alejan un poco de la concepción realista de Gaudí, para dotarla de un aire mas contemporáneo. Sin embargo, aunque no mantienen la estética dispuesta por el maestro, sus líneas modernas son un homenaje a las obras gaudianas, como vemos en los soldados que acompañan a la Verónica, cuyas cabezas son un fiel reflejo de las chimeneas realizadas por Gaudí en La Pedrera, edificio ubicado en el famoso Paseo de Gracia (Passeig de Gràcia) barcelonés. Igualmente, la figura representada a la izquierda es un retrato del genio, inspirada en una foto del mismo, participando en una procesión religiosa. Subirachs hizo también las figuras de los conjuntos escultóricos de la pasión de Cristo y de su muerte.
El templo de La Sagrada Familia está compuesto por muchas otras partes, que se van haciendo visibles según va pasando el tiempo y las obras continúan. No obstante las dos fachadas, la concepción de la planta, y algunas de las torres son las únicas obras pertenecientes a la mente y mano del artista de Reus, por ello creo que deben ser las protagonistas de este artículo. Por otro lado, también hay que hacer especial hincapié en el aspecto neogótico que presenta el edificio, pues dicha percepción se aleja de la idea original. El gótico eleva su altura gracias a una serie de arbotantes y de elementos arquitectónicos sobre los que descargaba el peso. Gaudí dijo, que estas soluciones utilizadas en el gótico eran adornos, como banderitas puestas sobre la corcova de un jorobado. No, Gaudí no quiere imitar ese estilo medieval, y la idea arquitectónica que aquí desarrolla son lejanas a las ideas de descarga de pesos que proponía el gótico. En este templo, los pesos descargan en vertical, de ahí que las torres tengan una ligera inclinación; es una medida de ingeniería mucho más avanzada y novedosa.
Debemos tener en cuenta, también, que esta obra ha sufrido numerosos parones en su construcción, debido a su calidad de templo expiatorio. Esto último quiere decir que es un templo levantado gracias a las donaciones de los fieles, las cuales no suelen ser regulares. Por esta devoción proyectada en la misma arquitectura, y presente en Gaudí como persona, en el año 1992 el Opus Dei, solicitó la canonización del arquitecto, sin que dicha petición haya llegado a fecundar.
Concluiremos diciendo que ante los detractores del genio, éste en vida y en muerte consiguió asombrar y sorprender con cada rincón de su obra, producto de una mente privilegiada.

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