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La ruptura cubista

Igual que otras muchas tesis de las vanguardias, las de los pintores cubistas nacen de experiencias anteriores. Una de las más importantes se remonta a 1880, cuando Seurat –apoyándose en la ley de los contrastes simultáneos- descubre el divisionismo, técnica según la cual en vez de mezclarse los colores se yuxtaponen provocando un nuevo efecto pictórico.

Sobre la nueva estética también gravitan las teorías empiriocriticistas y fenomenológicas de Boutron y Bergson, y otras que proceden de las ciencias puras, especialmente del ámbito de las matemáticas y la geometría. Así lo aprecia Apollinaire en su libro Pintores cubistas (1913), cuando escribe que “la geometría es a las artes plásticas lo que la gramática es al arte de escribir”.

Mediante la pureza geométrica se pretende obtener la “arquitectura del cuadro”. Y esa búsqueda -que entraña una feroz batalla contra todo lo que resulte transitorio e impuro- condujo inevitablemente a muchos pintores por los senderos de la abstracción racionalista.

Pero buena parte de tales innovaciones estaban ya en la obra de Paul Cézanne (1839-1906), contraria a cuanto de provisional y episódico pudiera existir en arte, y capaz de ofrecer un modo distinto de representación de la realidad. Lejos de regodearse en el color, sus estudios de paisaje ofrecen una estructura donde los elementos -simplificados al máximo- responden a tres módulos fundamentales: la esfera, el cono y el cilindro”. Hay que aprender a pintar –decía- estas tres figuras tan simples, después se podrá hacer todo lo que se quiera”.

Al construir el objeto pictórico como observado desde diferentes ángulos a la vez, Cézanne hizo tabula rasa de la perspectiva renacentista y del concepto tradicional de “línea del horizonte”, aportes de los que se apropiarían de inmediato los pintores cubistas, entre ellos Pablo Picasso (1881-1973), Georges Braque (1882-1963) y Fernand Léger (1881-1955). El malagueño pintó en 1906 Demoiselles d’Avignon, cuadro que a pesar de su “desgarradora y brutal expresividad” -deudora aún del lenguaje expresionista- anuncia el advenimiento de la nueva escuela.

También Braque había exhibido telas con formas reducidas a cubos, de ahí el nombre que recibiera el movimiento. Y Léger –uno de los artistas más originales de la vanguardia europea- llevaría sus búsquedas hasta la abstracción, de donde regresaría más tarde atraído por la ilusión de la máquina y la relación del hombre con ésta.
En esta nómina no podemos dejar de mencionar al madrileño Juan Gris (José Victoriano González, 1887-1927), cuyo interés por la construcción geométrica y el pensamiento matemático lo convirtió en uno de los pilares del cubismo. Decía crear partiendo de la idea y no de la realidad, y el carácter deductivo de su pintura seguía siempre un mismo proceso: “de lo abstracto a lo concreto”.

De todos los pintores mencionados, será Pablo Picasso quien revele un espíritu más fuerte y creativo. Su interés por lo telúrico y por la realidad habría de llevarlo a profundizar en estos aspectos como nadie, dejando impresa la huella indeleble de su personalidad a través de distintos períodos –azul y rosa, 1901-1906- impregnados de poesía y humanismo. La experiencia cubista le proporcionaría una de sus mayores aventuras, llena de “descubrimientos, intuiciones (y) resultados formales inéditos”, en los que mezcla deliberadamente elementos neoclásicos con elementos negros y primitivos, hasta desembocar en su obra cumbre: Guernica (1937), pintada a raíz del bombardeo fascista a la ciudad del mismo nombre.

En ella Picasso condensa sus logros formales de tres décadas, que van desde la asimilación del surrealismo a la deformación expresionista, pasando por la fragmentación de planos y la severidad cromática del cubismo.
Son cuatro los estilos que Apollinaire advierte dentro de la nueva escuela: el cubismo científico, el físico, el órfico y el instintivo. Con el tiempo, la historiografía del arte habría de reducirlos a sólo dos períodos: el cubismo analítico (1909), y el cubismo sintético (1910). Las diferencias entre ambos son notables: si en el analítico la representación se fractura y descompone en infinitos planos con agrisamiento total de paleta (como se aprecia, por ejemplo, en el Retrato de Ambroise Vollard, de Picasso), en el sintético predomina en cambio la síntesis compositiva y una paleta tan luminosa como la de los “fauves“.

La trascendencia de aquel movimiento contemporáneo puede ser apreciada por su acento en el proceso intelectualizador. Esto hizo posible un arte de gran pureza y serenidad formal que prescindiera de la anécdota para concentrarse en la conjugación simultánea de dos o más puntos de vista, lo que implicaba la reproducción del espacio y los objetos “como una suma de momentos” o un “conjunto de puntos de vista parciales representados simultáneamente en la tela”. De ahí que se diga que el cubismo supone la cuarta dimensión (el tiempo) al sintetizar una sucesión de visiones desde ángulos distintos. La clave de todo radica en la simultaneidad, es decir, la fusión de diferentes visiones parciales en una sola visión.

Logro excepcional del cubismo fue la incorporación del collage a la tela. De este modo, la pintura dejó de ser un arte ilusionista realizado sólo con pinceles para recibir el impacto de materias y texturas muy diversos –periódicos, sogas, telas metálicas, rejillas, etc.- que ampliaban de manera considerable su sentido.

La acción de introducir en el formato del cuadro “un fragmento de realidad” creó una atmósfera un tanto ambigua entre la pincelada de color y la materialidad del objeto, circunstancia que hizo posible la existencia de un nuevo hecho artístico denominado “cuadro-objeto”.

Esa búsqueda, de índole formal -y al margen de cualquier contenido literario- terminaría abriendo espacios a otras experiencias similares surgidas del constructivismo y el neoplasticismo. Así lo reconocería uno de los principales representantes de la pintura moderna en Rusia, Naum Gabo, al señalar que la influencia cubista sobre los artistas de principios del siglo XX, “no tiene paralelo en la historia del arte por su violencia e intrepidez”.








...por José Pérez ...por José Pérez


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1 comentario en La ruptura cubista

  1. Los cambios que introdujo el cubismo en el arte son indiscutibles. Su influencia sobre los artistas es insoslayable.

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