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La Piedad: Miguel Ángel

El virtuosismo de sus manos y el dominio de las expresiones se combinan en esta obra magna de Miguel Ángel, demostrando en ella el lenguaje de su corazón.

Michelangelo Buonarroti se eleva en la historia del arte como el paradigma de artista por excelencia. Arquitecto, pintor, poeta, escultor, todas aquellas artes que fomentó a lo largo de su vida hacen que sea considerado un gran genio en varios campos artísticos. Sin embargo, a lo largo de su vida, él quiso ser valorado ante todo, por su obra escultórica. Nacido en Caprese, burgo perteneciente a Florencia, en el año 1475, pronto destacó por su habilidad para el dibujo, cualidad que le abrió las puertas del taller de su primer maestro Domenico Ghirlandaio. Desde allí pudo acceder al jardín de los Médicis, lo que le permitió estudiar las grandes esculturas clásicas de la colección de Lorenzo el Magnífico, quién le tuvo bajo su protección algunos años. Gracias a ésta experiencia pudo el genio ampliar sus conocimientos en muchas otras facetas ajenas al arte, como fueron la filosofía, las matemáticas o la geometría, ya que en dicho jardín florentino se reunían las mentes más privilegiadas del Cinquecento. Aparte de dibujos durante su etapa de juventud desarrolló la escultura, pasión que continuó hasta el último aliento.

Tras la muerte de su protector Lorenzo El Magnífico en 1492 y de la caída de su sucesor Pedro de Médicis, dos años más tarde, Miguel Ángel decide cambiar su residencia. Primero viviría en Bolonia durante un año, para más tarde trasladarse a Roma donde podría estudiar de primera mano las obras clásicas que ahora se estaban descubriendo. A su vez Roma favorecería su obra ya que durante estos años pudo continuar trabajando bajo el mecenazgo de los Papas. Aunque no fueron estos quienes le encargaron la obra que nos ocupa, sino un cardenal, embajador del monarca francés ante la Santa Sede, llamado Jean Bilhéres de Lagraulas, quien en 1498 le solicitó una Piedad con el fin probablemente de colocarla en su tumba en la iglesia de Santa Petronila. Tras pasar por dicha iglesia se trasladó a la Capella della Vergine delle Febbre. Posteriormente Gregorio XIII la mandó colocar en el coro de Sixto IV para que finalmente, en 1749 la obra, se colocara en la primera capilla lateral de la nave derecha de la Basílica de San Pedro del Vaticano, pasándose a llamar dicha estancia, la Capella della Pietà.

Miguel Ángel acepta el encargo y por primera vez en su obra realiza una Piedad, tema iconográfico que aún no había tratado, pero que se repetirá varias veces hasta el final de su vida. Realizó esta obra en mármol de Carrara, material con el que siempre trabajó, elaborando un conjunto de poco más de metro y medio de alto por escasos dos metros de ancho. Sobre el regazo de María reposa el cuerpo yacente de su hijo, mientras que el brazo derecho de la madre sostiene el cuerpo por debajo de los hombros. Así consigue crear una composición piramidal de perfectas proporciones, donde el vértice superior será la testa de la Virgen y los vértices inferiores los píes de Cristo y el manto de la Virgen, respectivamente. Se acentúa la forma triangular con una adaptación del cuerpo yacente de Cristo al manto plegado y al cuerpo de María, olvidándose la estética medieval donde el cuerpo de Jesús yacía horizontal, creando vértices poco naturales. El tratamiento de los paños del manto de la Virgen, con acentuadas estrías y pronunciadas cavidades, envuelven el cuerpo inerte creando un todo insuperable. A su vez, dicha perfección en el tratamiento del mármol y la exactitud de la incisión del manto, hace que evoquemos la precisión florentina representada por Leonardo da Vinci.

Es posible que muchos detalles de dicha obra guarden relación con los diseños de “La Última Cena” de Leonardo da Vinci, que se estaba concluyendo en estos años en Milán. La meticulosidad demostrada por el artista en cada parte de ésta obra hace que conforme una unidad perfectamente visible desde cualquier punto, representando esta idea un ejemplo de racionalidad clásica, fruto de su aprendizaje. La obra está cargada de simbolismo y belleza denotando el sentir cristiano que movió a Miguel Ángel a lo largo de toda su vida. Su composición se encuentra dentro, claramente, del modelo iconográfico utilizado hasta ahora para realizar dicho conjunto. Hasta la fecha esta imagen siempre había sido representada trágicamente, reflejo del momento bíblico vivido. En vez de plasmar el dolor, Miguel Ángel dota a su obra de belleza y equilibrio. El rostro de la Virgen lejos de mostrar sufrimiento se nos presenta repleto de armonía, juventud y belleza; sobre ella descansa el cuerpo sereno y hermoso de Cristo. Ese cambio hace clara referencia al nuevo pensamiento filosófico que ahora se cultiva en Roma y al que el artista accedió durante sus primeros años florentinos, el neoplatonismo. Esta variación supone la verdadera instauración de este resurgir artístico que nace en Italia, el Renacimiento. Por lo tanto, esta obra de amable belleza supone el punto de partida de una nueva estética iconográfica que será la clave de estos años.

Miguel Ángel tuvo una relación muy especial con la escultura, de ahí que podamos decir que fue el verdadero medio por el que el artista nos mostró su corazón. Para él la imagen, o el alma de esta se haya contenida en el interior del bloque de mármol, de tal manera que él con su cincel conseguía despojar las partes sobrantes para, simplemente, sacar a la luz lo que ella contenía. El proceso de su arte consiste en la liberación de la imagen dejando al descubierto el espíritu y su trasfondo moral. A su vez nunca aceptó tener colaboradores, al contrario que los artistas coetáneos como pudo ser Rafael o Leonardo da Vinci. Miguel Ángel concebía su obra de principio a fin, era un reflejo directo de su persona, de su espíritu, de su mente. A través de su cincel daba forma a aquello que contenía el bloque de mármol, pero que en realidad no era sino su idea, su creación.

La Piedad de San Pedro del Vaticano se puede considerar en este aspecto su primera gran obra, pues lejos ya de evocar o copiar las obras clásicas, emerge con un estilo brillante y personal que ira evolucionando; pero que aquí se nos muestra en el momento más puro cuando el artista con sólo 23 años consigue alcanzar la perfección en todos los aspectos de la obra. Junto a todo ello en esta escultura no sólo alcanza la cumbre artística sino que también logra transmitir el mensaje religioso que envuelve el conjunto creando un halo de misticismo sólo superable por el entorno que la acoge. Se debe hacer especial hincapié en la banda que atraviesa el pecho de la Virgen donde se puede leer “Michael Angelus Bonarotus Florent. Faciebat”. En muchos casos se ha estimado que Miguel Ángel consideró esta Piedad como su obra por excelencia, y de ahí que sea la única de su carrera que fue firmada. Sin embargo, también se habla de una anécdota que debemos tener en cuenta para explicar dicha firma, pues en ella se demostraría ese carácter tan especial del artista que le acompañó siempre y que se reflejó en su obra.

Cuenta la historia que una vez que la obra estuvo expuesta alguien osó atribuir dicha escultura a un artista lombardo llamado Christoforo Sorlari. Por lo cual Miguel Ángel esa misma noche con el cincel en la mano firmó con su nombre y origen esa banda para que nunca nadie más dudara de la autoría de su gran creación. Por último explicar que en mayo de 1972 un hombre mentalmente perturbado le propinó a la obra una serie de martillazos, consiguiendo desprender varios fragmentos del rostro de la Virgen. Tuvo entonces que restaurarse, lo que se logró con éxito gracias a los calcos existentes. Otra consecuencia que desató dicho atentado fue la de instalar fuertes medidas de seguridad para protegerla, entre ellas un defensa de cristal que separa la obra del espectador.








...por Laura Alonso ...por Laura Alonso


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10 comentarios en La Piedad: Miguel Ángel

  1. “La Piedad” de Miguel Ángel es una obra maestra. Cuando visité el Vaticano quedé impresionada por la perfección de la escultura.

  2. Sí, “La Piedad” es una obra maestra y Miguel Ángel hizo una obra inmejorable pero es una lástima que actualmente esté detrás de un cristal y a veces el reflejo del sol impida su perfecta contemplación.

  3. Pero Camila, debes saber que antes “La Piedad” no estaba protegida como ahora, resulta que en 1972 sufrió una agresión el rostro de la Virgen, lo destrozaron con un martillo y esta claro que actualmente esté protegida.

  4. ¿Cómo puede ser que se atrevan a destrozar “La Piedad”? Suerte que Miguel Ángel no lo vio…

  5. Bueno, dejemos los percances que ha sufrido la obra, os dejo lo que dijo Vasari sobre “La Piedad” de Miguel Ángel:
    “Es una obra a la que ningún artífice excelente podrá añadir nada en dibujo, ni en gracia, ni, por mucho que se fatigue, en poder de finura, tersura y cincelado del mármol”.

  6. ¿Sabíais que “La Piedad” de Miguel Ángel sólo tiene una armonía aparente? Está llena de contrastes:
    - El brazo derecho de Jesús que cae se muestra en contraposición con el brazo izquierdo de la Virgen que está vivo y con gesto compasivo.
    - El cuerpo de Jesús contrasta con los pliegues angulados y curvos del vestido de la Virgen.
    - El cuerpo de Jesús está lleno de sombras difusas sfumato la luz incide sobre él de forma delicada ya que el cuerpo es liso, pero los pliegues de la ropa de la Virgen marcan unas sombras fuertes y contrastan con el cuerpo.

  7. Soy de Sevilla y estaba de viaje por Florencia y fui un día a Roma, más que nada para ver “La Piedad” porque me llama mucho la atención, pero al llegar al Vaticano me lleve una enorme desilusión, te pusieras donde te pusieras nunca la veías bien, ya no es por las fotos sino que a simple vista no se veía y además los focos no están bien puestos a mi parecer, una lástima.

  8. Efectivamente, no solo se ve mal “La Piedad”, sino que no considero que el emplazamiento en esa enorme capilla sea la adecuada a sus proporciones. Finalmente decir que si vierais alguna fotografía de “La Piedad” vista desde arriba os impresionaría lo deforme que resulta, desde luego estaba hecha para ser vista de frente y desde abajo. Otra cosa yo he trabajado con mármol de Carrara y desde luego es ideal para tallar (ni duro ni blando) y de una calidad en el acabado.

  9. Para mi “La Piedad” es la perfección, es un conjunto bellísimo, las caras son preciosas, las manos… no he visto en mi vida nada tan perfecto.

  10. Miguel Ángel con la “La Piedad” hizo una obra de arte imprescindible cargada de sensibilidad.

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