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La Dama de Elche

Ataviada con ricas joyas y bellos ornamentos, esta dama o diosa íbera, es una de las muestras del arte mediterráneo más significativas.

La zona llamada por los romanos Illici Augusta Colonia Julia, fue luego habitada por los árabes. Estos eligieron la primera palabra romana para denominar a la ciudad fundada por ellos, dicho vocablo con el paso del tiempo se fue arabizando para convertirse en el nombre con el que hoy se conoce a la ciudad, Elche. Allí, existe un montículo llamado por los árabes Alcudia, donde apareció la maravillosa Dama de Elche.

Fue descubierta el 4 de agosto de 1897, durante unos trabajos agrícolas en la ladera de la loma. Manuel Campello Esclápez, conocido como Manolico, cuando tan solo contaba con 14 años y mientras ayudaba a las labores de los obreros, tropezó con su azadón en un objeto duro, que no se parecía a las piedras del entorno. Tras desenterrarlo, su verdadero descubridor lo bautizó, por el aspecto que esta pieza presentaba, con el nombre de reina mora. La obra en sí, esta datada hacia el siglo IV antes de Cristo, sin tener una cronología fiable para poder fijar la fecha. Es un ejemplo único e inigualable de la cultura íbera que se difundió en las tierras de la Península durante aquellos siglos.

Sólo aparece el busto de la dama, que alcanza unos 56 cm. de altura, y destaca, entre otras cosas, por una cavidad que se halla en la parte posterior de la escultura, que seguramente era utilizada para reliquias, objetos sagrados o cenizas del difunto; otorgándole a la obra diversos significados, hasta hoy no esclarecidos. La pieza está tallada en piedra caliza, representando una mujer ricamente ataviada, con facciones elegantes, casi idealizadas. Presenta además, un tocado suntuoso, en el que destaca a los lados del rostro dos grandes rodetes, interpretados como posibles estuches metálicos donde se guardaría el cabello trenzado y recogido. Estas espirales están decoradas con líneas de cuentas y motivos florales. Para sujetar el aparatoso tocado se unen los rodetes por la parte superior mediante una pieza a modo de tirante. Cubre la cabeza con una tiara puntiaguda, quizás sobre una peineta, que sujeta una mantilla que le cae por la espalda quedándose dentro del manto. En cuanto a la vestimenta, se completa con una túnica que le viste el cuerpo, cerrada en el cuello por una pequeña fíbula o broche íbero, de tipo anular hispánico. Sobre esta túnica luce un bello manto que le cubre los brazos y la espalda. Descansa sobre la toga y bajo el manto, dos collares, uno de ellos de doble vuelta, de los que penden ornamentos variados típicos de la época. Finalmente en la cara posterior, como ya apuntábamos, existe una pequeña cavidad, que ha obtenido varias interpretaciones, y que otorga a la pieza un rasgo más de originalidad. Dicha escultura no ha sufrido nunca ningún tipo de restauración, y aún se puede observar en ella tierra adherida y restos de policromía.

Desde su descubrimiento la pieza ha sido el objeto de varias hipótesis y comentarios. Por un lado se ha dicho de ella que era la imagen de una diosa, de una sacerdotisa, de una dama de la aristocracia, de una novia con su dote de boda, y hasta la mismísima personificación del Dios Apolo. Incluso,  se ha llegado a dudar de su fecha de datación, creyendo por su aspecto formal que fuera una obra romana, o incluso una falsificación. En cuanto a su presentación, también este aspecto ha creado discordancias, pues para algunos es simplemente un busto, pero para otros, tras ver el brusco corte inferior, piensan que debía continuar hacia abajo, con un cuerpo completo de píe o sedente como se ve en la Dama de Baza de Granada. Una última opinión reseñable es la dada por el profesor Manuel Bendala quién la explica como una copia en piedra de una anterior escultura en madera como imagen de vestir, utilizada para el culto y ataviada con joyas para la ceremonia correspondiente. Estas imágenes de vestir hunden sus raíces en la más antigua religiosidad mediterránea, siendo una tradición o costumbre que hoy ha llegado a nuestros días en el mundo de la religiosidad popular. De un modo u de otro, por su aspecto y tras llevar a cabo algunos sistemas de datación, se pudo situar con cierto margen de equivocación, entre el siglo V a.C. o principios del IV a.C. Por otro lado se debe dar una interpretación sociológica a la vestimenta y riquezas de sus accesorios. Para los antiguos íberos, el vestir cumplía una doble función; por un lado una solución práctica para cubrirse ante las inclemencias climáticas, y por otro lado, un medio de distinción social. Gracias a esta obra, y a algunas otras que nos han llegado de dicha época, podemos deducir que la mujer íbera de la alta sociedad ejercía un papel muy activo dentro de la vida civil de la comunidad. Por ello es fácil, que aparecieran representadas como sacerdotisas o representaciones divinas, y que dichas imágenes trasladadas a esculturas fueran situadas cerca de sus túmulos funerarios, como era costumbre entre dicha sociedad. Así la Dama de Elche es una magnifica creación, repleta de ricos símbolos, representando posiblemente a una dama de alto rango o una diosa justamente ataviada por su carácter divino.

Tan interesante es la obra en sí como su vida a lo largo de los siglos. Pues ha sido querida y requerida por muchos pretendientes, que lucharon por ella, como si de una verdadera y humana dama se tratase. Cuenta la historia que el Doctor Campello, un aficionado a la Arqueología, dio en herencia a su hija grandes piezas y obras que a lo largo de su vida había conseguido reunir. Pero junto al legado iba un encargo, y era el de vender toda la colección a la Real Academia de la Historia, para que finalmente fuese a parar al Museo Arqueológico Nacional. Cuando todos parecían haber encontrado la manera de hacer esto posible, y habían cerrado el lote a comprar, apareció esta magnifica pieza que desequilibró las negociaciones. La hija del Doctor, Doña Asunción no estuvo de acuerdo en incluir dicha pieza dentro del lote establecido con anterioridad. Mientras tanto, Don Pedro Ibarra Ruiz, hermano del fallecido doctor Campello, conocedor de la valía de esta obra, envió varias fotografías al director del Museo Arqueológico Nacional, al académico José Ramón Meliá y al arqueólogo alemán Emil Hübner, para incitarles a su adquisición, pretendiendo conseguir así una mayor cuantía por la obra. Finalmente fue el quién vendió la escultura, tras realizar una gran fiesta en su casa  de Elche, pudo enseñarle la obra al arqueólogo francés Pierre París, quién informó rápidamente al Museo del Louvre, tras comprobar el alto valor de la escultura. Estos ofrecieron una gran cantidad por ella, y ante la inconformidad de la sobrina, fue vendida al museo francés. Allí estuvo durante más de 40 años hasta que en 1941, el estado español entró en negociaciones con el estado francés para lograr que volviera al país. Tras varias gestiones y trámites fue devuelta a España por medio de un canje de obras e instalada en el Museo del Prado. Allí permaneció hasta que en los años 70 fue trasladada al Museo Arqueológico Nacional. Ha vuelto a su tierra natal en dos ocasiones, una en el año 1965 con motivo del séptimo centenario del Misterio de Elche. Y otra en el 2006 para presidir la inauguración del Museo Arqueológico y de Historia de Elche, y ser la pieza principal de la exposición celebrada entonces “De Ilici a Elx, 2500 años de historia”.

Como podemos comprobar la Dama de Elche fue una pieza admirada, querida y codiciada por muchos, reacciones lógicas todas ellas, si tenemos en cuenta que estamos ante una de las mejores muestras de arte íbero que existen en el mundo. Y que se alza como emblema y legado único e inigualable de una sociedad puramente mediterránea y española, cuyo sustrato fue tan fuerte que marcó  a las civilizaciones venideras.








...por Laura Alonso ...por Laura Alonso


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3 comentarios en La Dama de Elche

  1. Es una obra única. Actualmente no se conserva la policromía original, pero igualmente es una obra maestra.

  2. Lo que más me atrae de la Dama de Elche son sus ojos almendrados, frente a los ojos redondos del resto de las Damas ibéricas; un tratamiento completamente diferente que nos recuerda a las Korai griegas.

  3. Lindo nombre para una obra de arte. No sabía de la existencia de la Dama de Elche, es maravilloso poder conocer a través de Portal Mundos estas maravillas y, lo más importante, bien descritas y detalladas.

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