Poco se sabe de los años que pasó Oteiza en Hispanoamérica, pero fueron cruciales tanto en su vida personal como en su propósito experimental.
Los intensos intentos de modernización por parte del escultor vasco Jorge Oteiza en España se vieron truncados por el fuerte apego a la tradición cultural de la sociedad y por la Guerra Civil. A pesar de ello, los años previos a la contienda española fueron de aprendizaje y compañerismo, siendo cerrados con el homenaje que el “Grupo Gu” le dedicó en 1935 a Oteiza y a Balenciaga ante su inminente viaje a América. En el discurso que el escultor dio para la ocasión, dejó planteadas las razones que impulsaban tal viaje: estudiar la cultura precolombina, desarrollar una teoría de los renacimientos artísticos y contribuir al desarrollo artístico del País Vasco.
Se suele decir que todo viaje, es un viaje al interior, al autoconocimiento, y así debe ser entendido el peregrinaje que realizó Oteiza por distintos países hispanoamericanos. En ellos desarrollará todas sus inquietudes anteriores, y la multidisciplinariedad que le caracterizará durante toda su vida: antropología, cerámica, literatura, teatro experimental, poesía o activismo político. Por distintos sucesos, como extravíos o destrucciones, la obra de este peregrinaje requiere de una investigación a fondo.
Las fecundas experiencias por Argentina, Chile, Colombia, Ecuador y Perú se alternaban con otras, como la realización de mascarillas funerarias, para sobrevivir. Muy pronto, todo ello comenzará a dar su fruto y Oteiza participará en conferencias y publicaciones, asentándose su pensamiento estético. También será el tiempo de notables y diferentes contactos: desde Eva Duarte de Perón hasta Vicente Huidobro.
El primer destino es Buenos Aires, allí conoce a la emigrante Itziar Carreño, nacida en Atxuri (Bilbao), que residía en la capital argentina junto a unos tíos. Junto a Balenciaga expone en la galería Wittcomb, para luego hacerlo en la Academia de Bellas Artes de Santiago de Chile, donde presenta esculturas realizadas con materiales encontrados. Ambas muestras son acompañadas de textos teóricos que las explican y contextualizan. Recibe la influencia de Matila C. Ghyka y su libro “El número de oro: ritos y ritmos pitagóricos en el desarrollo de la civilización occidental”.
En 1936 permanecerá en la capital chilena, manteniendo una relación política y literaria con diversos poetas. En 1937 Oteiza regresa a Buenos Aires con la intención de embarcar hacia España para combatir junto a los republicanos en la guerra, pero, quizás por Itziar, permanece en la ciudad y se casa con ella el 14 de mayo de 1938 en Morón. Desde entonces se convertirá en su compañera de caminos, alegrías y penas; Itziar dulce y enérgica:
“por eso supiste
que era yo a quien debías cuidar”
Recordando otros bellísimos versos que Luis Rosales escribió en “La casa encendida”:
“El amor siempre llega cuando tienes
una lágrima a punto,
y no la puedes llorar solo”.
Permanecerá en Buenos Aires hasta 1942, desarrollando su actividad como escultor y como profesor de cerámica. En este año es llamado por el gobierno de Colombia para organizar su enseñanza oficial. Se establece en Popayán y da clases de cerámica en la Universidad de Cauca, donde publica en 1944 la “Carta a los artistas de América. Sobre el arte nuevo en la postguerra”, dejando planteado su interés por el espacio, el tiempo y la dimensión escultórica; y el “Tratado de cerámica”.
En Colombia cumple uno de sus objetivos: contactar con la cultura prehispánica y su medio para descubrir las raíces del arte. Visitará el yacimiento arqueológico de San Agustín, en los Andes, que le inspirará el importante texto: “Interpretación estética de la estatuaria megalítica americana”. Su repercusión en Colombia fue notable: en 1946 la revista “Cromos” se hace cargo de su actividad, y realiza múltiples conferencias con motivo del segundo centenario del nacimiento de Goya, algunas publicadas en la “Revista América”.
Discrepancias con un ministro colombiano le obligan a trasladarse a Ecuador, dónde en 1947 presenta en la Casa de la Cultura de Quito el “Informe sobre una estética objetiva (fórmula molecular, ontología, para el ser estético)” y “La investigación de la estatuaria megalítica en América”. En Trujillo (Perú) vuelve a dar clases en la Universidad y en la Escuela de Ingenieros sobre cerámica, a la par que prepara las conferencias “Génesis del arte nuevo” dedicadas a la arqueología americana y el arte contemporáneo. La universidad le acabará nombrando Miembro de Honor de Investigaciones Científicas.
En los cursos de verano de la Universidad de Lima da clases de cerámica, y sigue dando conferencias sobre el arte contemporáneo, promoviendo la colaboración interdisciplinar entre pintores, escultores y arquitectos, algo que estaba en las bases de la Bauhaus y que dará origen al “Grupo Espacio”.
En 1947 marchó a Buenos Aires, donde publicó “Del escultor Oteiza. Por el mismo”, donde reflexiona sobre el hueco, la expansión y los poliedros en la escultura. Participa en el concurso de escultura para Hipólito Irigoyen, con el proyecto “Ensayo sobre lo simultáneo”, que fue robado, aunque él se consideró premiado.
En la capital bonaerense conoce al pintor de origen vasco Nestor Basterretxea al que le anima a volver a España para participar en el concurso de pintura del Santuario de Arantzazu. Oteiza hará lo propio en agosto de 1948, convertido ya en lo que iba a ser. Tenía cuarenta años.
Pero los años no perdonan y el escultor vasco se había convertido en un apartida: “yo volví con un enorme deseo de servir a mi país. Pero al llegar comenzó el destierro”. El choque entre sus proyectos y el ambiente cultural vasco fue evidente, como los años anteriores a su peregrinaje por América.
A pesar de sus difíciles relaciones con la dictadura franquista y de estar alejado de concursos y certámenes aceptará representar a España en la “IV Bienal de Sao Paulo de 1957″ con 29 esculturas agrupadas en diez series. Volverá a su querida América, y en Brasil descubrirá las últimas tendencias artísticas, dominadas por el racionalismo y la Bauhaus, y algunas, muy cercanas al “Propósito experimental” de poliedros y “Cajas vacías”. Pero la eliminación de la materia y su desocupación a favor del vacío y de una metaestética trascendente eran absolutamente oteizanas.
El trabajo de Oteiza le será reconocido con el Gran Premio Internacional de Escultura. Brasil no sólo será su consagración internacional, sino que le supondrá el conocimiento y reconocimiento de grandes artistas como Le Corbusier, la influencia sobre escultores brasileños, y especialmente saber que no estaba sólo en el mundo dadas las numerosas muestras de apoyo que recibió. Ahora se podía haber aprovechado de tal situación para comercializar su obra y convertirse, quien sabe, en un gurú del arte, pero siguió fiel a sus ideas y se negó a entrar en los circuitos comerciales.
De este modo aquel joven conspirador que marchó desconocido a América y que se hizo un hueco en muchas ciudades hispanoamericanas partiendo de la nada, regresaba ahora paradójicamente representando a España y triunfando, siendo reconocido por propios y extraños, como un galardón que América le debía a Oteiza y que el país natal del escultor no le dio.

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