Creador del Suprematismo, uno de los movimientos más potentes de vanguardia con el que quería descubrir el sentimiento puro del arte.
Nace en Kiev (Ucrania) y educado en la lengua y costumbres polacas de sus padres. Está ligado desde su nacimiento al campo al estudiar en la Escuela de Agricultura, ambiente muy distinto al industrioso de la refinería de azúcar en la que trabajaba el padre. Su ímpetu artístico le llevarán a dibujar lo más cercano: paisajes y campesinos, práctica que le llevará a la Academia de Bellas Artes de Kiev.
Posteriormente, en 1896, se ve envuelto, por un cambio laboral de su padre, en el mundo del ferrocarril, lo que le da la oportunidad de relacionarse con mucha gente, mientras sigue practicando una pintura aferrada al realismo. Aquí trabaja como delineante y se deja influenciar por Los ambulantes, un grupo de pintores realistas cuyas obras conoce en la distancia.
En 1904 marcha a Moscú donde desarrolla un estilo cercano al Impresionismo pictórico y a los paisajes, cambiado luego por un Postimpresionismo. En 1907 expone por primera vez en la XIV Muestra de la Asociación de Artistas de Moscú con Goncharova y Kandinsky. En este mismo año tiene la oportunidad de ver en una exposición a Picasso, Cézanne, Gauguin o Matisse, lo que supuso su introducción en la vanguardia, paralelamente a su interés por los iconos y su simbología de los invisible a través de lo visible.
En 1909 se casa con Sofía Rafalovich, la primera de sus tres esposas, y se integra en el estudio de Fiodor Rerberg donde estudia a pintores occidentales. Es este un periodo de investigación en el que se fija especialmente en Seurat y Cézanne, con ciertos aspectos simbolistas y populares como en “El reposo de la buena sociedad” (1908).
En 1911 se integra en el Primer Salón de Moscú mostrando su interés por el color. Será este año el de su introducción al cubismo de Braque, Picasso y Léger: “Mujeres en el campo después de una mañana de lluvia” (1911) o “El afilador” (1912) demuestran influencias cubistas y futuristas. Desde entonces su actividad artística como cubofuturista será imparable: expone con los grupos de La Sota de Diamantes, la Unión de la Juventud de San Petersburgo y El Rabo del Asno junto a Tatlin o Chagall.
En 1912 diseña los decorados y figurines de la ópera “Victoria sobre el sol” de Matiushin, con composiciones cercanas al Suprematismo. En 1914 conoce al creador del futurismo, Marinetti.
Su vinculación con poetas como Maikovski o Kruchenij que experimentan con la lengua zaum o “transmental”, sin lógica ni significado que incorpora a sus pinturas cubofuturistas, como “Un inglés en Moscú” (1914). Con este tipo de pinturas expone en la Segunda Exposición de El Jinete Azul y en el Salón de los Independientes de París.
Durante la Primera Guerra Mundial, un periodo de recensión artística, colabora con Maikovski, para elaborar carteles propagandísticos, muy implicados políticamente con posturas revolucionarias próximas al anarquismo.
En 1515 crea el Suprematismo, en un intento de liberar a la pintura del objeto mediante elementos geométricos o suprematísticos básicos, ya que el cuadro puede existir independientemente de cualquier imitación del mundo real. Sus signos fundamentales son el cuadrado, el círculo, la cruz y colores básicos como el blanco, el negro y el rojo. Sus primeras obras se expusieron en la muestra “0′10: última exposición futurista” de San Petersburgo como supremacía del sentimiento puro en el arte. Aquí expone el famoso “Cuadrado Negro” (1915), todo un revulsivo para a pintura moderna. Con esta superposición de planos indica también el movimiento e incluso una abstracción de la guerra o la industria. Las reacciones son variadas: desde el estupor hasta el entusiasmo de algunos compañeros futuristas que se adhieren a la nueva estética. Sin embargo, Tatlin y los Constructivistas lo rechazan totalmente.
En 1917, en plena revolución, es nombrado jefe del Departamento de Arte de los Soldados del Soviet en Moscú y supervisor de las Colecciones del Kremlin, apoyando la revolución. Desde entonces se involucra en la vida revolucionaria dando talleres, conferencias o diseñando los decorados de obras revolucionarias.
En 1919 trabaja en la Escuela de Arte de Vitebsk, dirigida por Chagall, que en desacuerdo con las ideas de Malevich, la abandona, asumiendo éste su dirección. Con la ayuda de El Lissitzky la transforma en UNOVIS (Afirmación de lo Nuevo en el Arte) cerrada por cuestiones financieras en 1922.
Participa en la X Exposición Anual de Moscú con su famoso “Cuadro blanco sobre blanco” (1919) y le dedican la primera retrospectiva de su obra en la XVI Exposición Nacional de Moscú; también expondrá en Berlín y Ámsterdam.
En 1923 presenta a la XIV Bienal de Venecia: “Cuadrado Negro” (1923) y “Cruz Negra” (1923), abandonando la pintura para centrarse en el urbanismo y la arquitectura con un alto contenido escultórico. Colabora con la fábrica de porcelanas Lomonosov, que le lleva a introducir al Suprematismo en la producción industrial. Todo ello lo desarrollo mientras trabaja entre 1924 y 1926 en el Instituto de Cultura Artística de Petrogrado.
Su encuentro con Gropius, Moholy-Nagy y La Bauhaus de Dessau en 1927 será capital por la difusión de su obra y sus escritos teóricos en Alemania, dejando mucha obra en Berlín. Continuará trabajando en el Instituto Estatal para la Historia del Arte en Leningrado, pero unos compañeros le consiguen echar en 1929. Se pasa al Instituto de Are en Kiev y realiza varias exposiciones retrospectivas en esta ciudad y en Moscú, junto con otras colectivas en Berlín y Viena.
En 1930 la revolución a la que tanto había apoyado le interroga, y unos compañeros suyos tiene que quemar algunos documentos. Desde entonces vuelve a la figuración campesina, por la falta de libertades y el desinterés por la vanguardia tras la muerte de Lenin. Dos años después le dan un laboratorio en el Museo de Arte Ruso y participa en la exposición Quince Años de Arte Ruso.
Realiza algunos retratos de corte académico, perdiendo toda su fuerza de vanguardia y el apoyo del estado. De este modo, en “La obrera” (1933) combina el realismo de los rostros con una vestimenta colorista, como recuerdo de experiencias de vanguardia. A cambio conseguirá que el ayuntamiento de Leningrado le pague su funeral en 1935, en el que su ataúd descansaba bajo la bandera del Cuadrado Negro.
Muchos se salvaron, muchos estuvieron a tiempo de escapar del áspero dominio en que se tornó la revolución, que como Saturno, terminó devorando a sus propios hijos sin ningún reparo. La permanencia en Rusia forzó a Malevich a acabar con las prácticas suprematistas en la década de los veinte para volver al realismo rancio con el comenzó su camino. De todas formas su aportación fue grande. Inmerso en otras formas de abstracción como el Rayonismo, el Vorticismo o el Vivracionismo, el Suprematismo fue el gran movimiento conciliador de una estética subversiva y la más íntima tradición icónica y espiritual ortodoxa de Rusia.
Su inconformismo reside en la proclamación de un antinaturalismo e irracionalismo, que muy cercano a Kandisnky proclamaba el sentimiento como valor fundamental de la humanidad, aquello que le confiere la dimensión humana, el sentir más allá de la razón.

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La exposición que hubo en la Pedrera en Barcelona sobre Malevich, para mi es una de las más completas que ha habido en España.