“J. G. Ballard. Autopsia del nuevo milenio”, una muestra dedicada al escritor inglés que con sus novelas y cuentos es considerado una de las voces más esenciales e inteligentes de la ficción contemporánea.
La obra literaria de James Graham Ballard (Shanghai, 1930), paradigma del escritor de culto, hace tiempo que anticipa y diseca el universo en el que ahora mismo vivimos. Su imaginación visionaria creció en los ámbitos de la ciencia ficción onírica y subjetiva para acabar abrazando un aséptico hiperrealismo: en el fondo, siempre ha hablado de lo mismo, de las claves de la contemporaneidad y de las patologías de nuestro futuro inmediato, como si estuviese efectuando la autopsia de un futuro que ha nacido muerto.
J. G. Ballard ha construido una obra puntuada por temas recurrentes y símbolos obsesivos que descifra el presente y propone plausibles visiones del futuro. Esta exposición quiere ser un recorrido a través del universo creativo de Ballard: sus temas y obsesiones, su disección de la contemporaneidad, las huellas de su trayectoria vital en su obra de ficción, sus referentes artísticos y literarios y sus intuiciones, precisas y desencantadas, de una vida futura regida por los conceptos de la antiutopía aséptica y la catástrofe.
Para introducir al visitante en el universo ballardiano la exposición recorre a soportes muy diversos: instalaciones escenográficas, instalaciones audiovisuales, la bibliografía completa de Ballard, obras de artistas ballardianos y documentación varia.
La muestra “J. G. Ballard. Autopsia del nuevo milenio” coincide en el tiempo con la nueva edición de la Fiesta Internacional de la Literatura “Kosmopolis 08″. Es por esta razón que el festival la incorpora en su programa y dedica un monográfico a Ballard.
K08 propone dos sesiones sobre la obra del autor británico y su influencia en el imaginario cultural contemporáneo. La primera sesión se ocupa de la influencia de la obra ballardiana en el ámbito hispánico. La segunda, centrada en el mundo anglosajón, plantea un diálogo sobre las diferentes formas en que la literatura de Ballard se puede apreciar en las nuevas generaciones de escritores capaces de reconocer la dimensión visionaria de su obra. Participantes: Paco Porrúa, Marcial Souto, Marta Peirano, Toby Litt, Bruce Sterling, Agustín Fernández Mallo y V. Vale.
Por otra parte, la sección Canal Alfa de Kosmopolis, dedicada a la producción audiovisual inspirada en la literatura, también programa un apartado al escritor.
RECORRIDO DE LA EXPOSICIÓN
Credo
La revista francesa “Science Fiction”, editada por Daniel Riche, encargó a J. G. Ballard un texto en el que se resumiera su credo personal y artístico. El resultado, publicado en el número de enero de 1984 de la publicación, fue “What I Believe”, toda una poética ballardiana que sintetiza las obsesiones del autor y la capacidad de su escritura para descifrar las claves secretas del mundo contemporáneo, así como su inquietante lógica evolutiva. La versión canónica del texto en lengua inglesa apareció en el número 8 de la revista británica “Interzone”, correspondiente al verano de 1984. Estos son algunos extractos de su credo:
“Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en la absurdidad del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética y en el intento criminal de la lógica.
Creo en la no existencia del pasado, en la muerte del futuro y en las infinitas posibilidades del presente.
Creo en los olores corporales de la princesa Diana.
Creo en los próximos cinco minutos.
Creo en la ansiedad, la psicosis y la desesperación.
Creo en la muerte de las emociones y el triunfo de la imaginación.
Creo en Tokio, Benidorm, La Grande Motte, Wake Island, Eniwetok, Dealey Plaza.”
J. G. Ballard
De Shanghai a Shepperton
A pesar de su carácter fantástico, la obra literaria de J. G. Ballard maneja un repertorio de imágenes y obsesiones estrechamente ligado a su trayectoria biográfica. Nacido en Shanghai de padres ingleses en 1930, fue internado junto a su familia en el campo de concentración de Lunghua entre 1942 y 1945. Esas tempranas experiencias marcarían su visión del mundo y encontrarían en su posterior obra literaria una particular forma de sublimación.
Hijo del químico y empresario textil James Ballard (1902-1967) y de Edna Ballard (1905-1999), J. G. Ballard nació en el Hospital General de Shanghai el 15 de noviembre de 1930 y vivió sus primeros años en el acomodado entorno de la colonia internacional situada al oeste de la ciudad. La invasión japonesa de 1937 y el estallido de la Segunda Guerra Mundial pusieron punto y final a la, hasta entonces, apacible vida de una comunidad británica que regía su cotidianidad bajo el signo de la nostalgia por la sociedad victoriana. Entre marzo de 1943 y agosto de 1945, la familia Ballard fue recluida en el campo de internamiento de Lunghua.
En sus obras semiautobiográficas, como “El imperio del sol” y “La bondad de las mujeres”, el escritor ha desvelado el origen de muchas de las obsesiones que recorren su obra: la bomba atómica sobre Nagasaki, su adaptación a la vida en un campo de concentración y las sucesivas muertes que han puntuado su trayectoria biográfica –víctimas de los bombardeos en calles de Shanghai, el soldado chino asesinado por japoneses en una estación de tren, el primer cadáver diseccionado en sus años de estudiante de medicina, el piloto turco presuntamente muerto durante sus años como piloto en una base canadiense, el prematuro fallecimiento de su esposa, la muerte de un amigo cercano…– tienen su correlato en algunas de las escenas más chocantes de su obra literaria.
La creación de su universo imaginario tiene como epicentro su lugar de residencia en Shepperton, completamente alejado de los cenáculos literarios y de la efervescente vida cultural londinense: un territorio que el escritor no considera como suburbio desangelado sino como espacio mágico cuya luz interior puede ser liberada a través de la imaginación, tal y como ilustra su novela “Compañía de sueños ilimitada”.
Paisajes del sueño
Los años de formación de J. G. Ballard estuvieron marcados por el intento de conciliar su incipiente vocación literaria con la articulación de una voz propia. Sus sucesivas tomas de contacto con el psicoanálisis y la pintura surrealista abrieron la puerta a la construcción de una identidad artística totalmente distintiva e irrepetible. A sus ojos, las exploraciones del subconsciente propuestas desde los ámbitos de la ciencia y el arte ofrecían la lectura más precisa del espíritu de la época y habían pronosticado algunos de los caminos más oscuros del siglo XX. En los paisajes oníricos y desolados del surrealismo, Ballard reconoció las imágenes de su propio mundo interior. Su escritura no sólo recrea muchas visiones del surrealismo, sino que reproduce algunas de sus estrategias estéticas –superposiciones, espejismos, falsas perspectivas, mutaciones– para desvelar la estructura profunda de lo real.
El espacio interior
Tras descubrir la ciencia ficción en calidad de lector durante sus años en Canadá como piloto de la RAF (1953-54), J. G. Ballard encontró en el género el marco idóneo para su creación literaria. Desde el comienzo, su irrupción en el medio supuso una ruptura tanto con la tradición como con las corrientes dominantes del momento. Frente al optimismo tecnológico y la seducción por la exploración del espacio exterior de sus contemporáneos, Ballard contrapuso la inmersión en el espacio interior.
Ballard teorizó su singular aportación al género de la ciencia ficción en un artículo publicado en el año 1962 en la revista “New Worlds”: “¿Por dónde se va al espacio interior?”, que marcó un punto de inflexión en la evolución del género cuyas consecuencias no fueron apreciables hasta mucho tiempo después. Con su teoría del Espacio Interior, Ballard se distanciaba de la ciencia ficción precedente y de muchos de sus compañeros de generación, y esbozaba la futura dirección del género. Ballard conquistó un nuevo territorio para el género, subrayando el papel de la ciencia ficción como espejo del presente y como herramienta de autoindagación.
Zona de catástrofe
La idea de la catástrofe atraviesa la obra de Ballard de principio a fin, aunque tiene su expresión máxima en obras como “El mundo sumergido” o “La sequía”. El característico personaje ballardiano no actúa ante la catástrofe como el personaje de una película catastrofista de los setenta. Lejos de intentar restablecer el orden, el personaje ballardiano percibe el cataclismo como un foco de atracción y se muestra dispuesto a aceptar las reglas que esa nueva realidad le impone, aunque ello suponga renunciar a su propia identidad, a la cordura e, inevitablemente, a su supervivencia. En el proceso, el personaje ballardiano descubrirá algunas verdades ocultas sobre sí mismo. Lo que está en juego no es tanto la autodestrucción, sino la seducción del cambio y el tortuoso camino hacia la plenitud psicológica.
La idea procede de Joseph Conrad y, en manos de Ballard, se convierte en el fundamento de su particular concepción de la ciencia ficción: una literatura que debe hablarnos de radicales cambios mentales, de medulares transformaciones en la percepción… en suma, de la incesante evolución del espacio interior.
Tecnología y pornografía
La trayectoria de J. G. Ballard entra en un febril estado de cambio a mediados de los años sesenta, tras el prematuro fallecimiento de su esposa, Mary Ballard, debido a una neumonía en Sant Joan (Alicante). Su tradicional interés por las vanguardias y la literatura experimental intoxica por completo su escritura, que estalla en una radical apuesta por la fragmentación, el lenguaje técnico y el gusto por lo abstracto. El relato “Playa terminal” (1964) abre un camino que los posteriores libros “La exhibición de atrocidades” (1969) y “Crash” (1973) llevarán al límite. El autor centra su mirada en una contemporaneidad marcada por la muerte del afecto y el relevo del paisaje físico por un paisaje mediático donde realidad y ficción se confunden. En clave más clásica, “Rascacielos” (1974), “La isla de cemento” (1975), “”Compañía de sueños ilimitada”" (1979) y “Hola América” (1981) seguirán desarrollando esa visión de un siglo XX esencialmente psicopatológico, en el que la imaginería pornográfica, el fetichismo tecnológico y las arquitecturas deshumanizadas confluyen en una cosmología traumática.
Asepsia y neobarbarie
Resulta significativo –y sumamente inquietante– que la literatura de J. G. Ballard haya pasado de la ciencia ficción al registro realista sin abandonar sus temas rectores. El último tramo en la obra narrativa de Ballard –inaugurado con la novela corta “Furia feroz” (1988) y, por el momento, cerrado con “Kingdom Come” (2006)– recorre las asépticas arquitecturas de las comunidades cerradas, las zonas residenciales, los parques tecnológicos, las ciudades de vacaciones y los centros comerciales para extender el diagnóstico terminal de una humanidad desconectada de sus instintos primarios. Según el escritor, sólo las inyecciones de violencia pueden romper el letargo y posibilitar una nueva utopía.
Biblioteca Ballard
En este punto la exposición muestra las primeras ediciones en inglés de los 42 libros escritos por Ballard y permite la consulta de las ediciones modernas publicadas en castellano.
“The Wind from Nowhere”. Berkeley, Nova York, 1962
“The Voices of Time”. Berkeley, Nova York, 1962
“Billenium”. Berkeley, Nova York, 1962
“The Drowned World”. Gollancz, Londres, 1963
“Passport to Eternity”. Berkeley, Nova York, 1963
“The Terminal Beach”. Victor Gollancz Ltd., 1964
“The Burning World”. Berkeley, Nova York, 1964
“The Drought”. Jonathan Cape, Londres, 1965
“The Four-Dimensional Nightmare”. Victor Gollancz Ltd., Londres, 1963
“The Cristal World”. Jonathan Cape, Londres, 1966
“The Impossible Man”. Berkeley, Nova York, 1966
“The Voices of Time”. Berkeley, Nova York, 1966
“The Terminal Beach”. Penguin, Londres, 1966
“The Disaster Area”. Jonathan Cape, Londres, 1967
“The Overloaded Man”. Panther, Londres, 1967
“The Atrocity Exhibition”. Jonathan Cape, Londres, 1970
“The Inner Landscape”. Paperback Library, Nova York, 1971
“Chronopolis and other stories”. Putnam, Nova York, 1972
“Love & Napalm: Export U.S.A.” Grove Press, Nova York, 1972
“Vermilion Sands”. Jonathan Cape, Londres, 1973
“Crash”. Jonathan Cape, Londres, 1973
“Concrete Island”. Farrar, Jonathan Cape, Londres , 1974
“High-Rise”. Jonathan Cape, Londres, 1975
“Low-Flying Aircraft”. Jonathan Cape, Londres, 1976
“The Unlimited Dream Company”. Jonathan Cape, Londres, 1979
“Hello America”. Jonathan Cape, Londres, 1981
“News from the Sun”. “Interzone”, Londres, 1982
“Myths of the Near Future”. Jonathan Cape, Londres, 1982
“Empire of the Sun”. Gollancz, Londres, 1984
“The Day of Forever”. Gollancz, Londres, 1986
“The Day of Creation”. Gollancz, Londres, 1987
“Running Wild”. Jonathan Cape, Londres, 1988
“War Fever”. Collins, Londres, 1990
“The Kindness of Women”. Farrar, Strauss & Giroux, Nova York, 1991
“Rushing to Paradise”. Flamingo, Londres, 1996
“Cocaine Nights”. Flamingo, Londres, 1996
“A User’s Guide to the Millennium”. Picador, Nova York, 1996
“Super-Cannes”. Flamingo, Londres, 2000
“JG Ballard. The Complete Short Stories”. Flamingo, Londres, 2001
“Millennium People”. Flamingo, Londres, 2003
“Kingdom Come”. Fourth Estate, Londres, 2006
“Miracles of Life. Shanghai to Shepperton. An Autobiography”. Fourth Estate, Londres, 2008
Arte Ballardiano
La obra de Ballard es, todavía, un discurso abierto que puede deparar muchas revelaciones a sus lectores.
Por una parte, Ballard funciona como un oráculo que no deja de dar la razón día tras día.
Por otra, el autor irradia una enorme influencia sobre los creadores de toda índole y disciplina (del cine fantástico a la música industrial).
J. G. Ballard forma parte del reducido grupo de creadores capaces de inspirar un adjetivo. El Collins English Dictionary define el adjetivo ballardiano como: “Referente a James Graham Ballard (J. G. Ballard; nacido en 1930), novelista británico, o a su obra. (2) Que se parece o sugiere las condiciones descritas en los relatos o novelas de Ballard, esp. la modernidad distópica, los desoladores paisajes creados por el hombre y los efectos psicológicos del desarrollo tecnológico, social o ambiental”.
Desde los ámbitos más diferentes de la creación son cada vez más numerosos los artistas que aceptan el adjetivo como distintivo de honor. Identificarse como ballardiano supone formar parte de un expansivo círculo de iniciados, consciente del papel central que desarrolla este autor ajeno a etiquetas y resistente a cualquier intento de clasificación.
En este punto, la muestra nos sumerge en la obra de varios autores que han merecido el adjetivo de ballardiano: Ana Barrado, Ann Lislegaard, Michelle Lord y artistas que realizan películas domésticas con sus móviles.
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