Nació en Ornans, en la región francesa de Doubs en 1819, hijo de un terrateniente bien acomodado que poseía varias fincas en la zona. Su abuelo se encarga de instruir al joven Gustave en el pensamiento de la Revolución de 1789.
A sus once años ya revela un carácter indomable, al acudir al pequeño seminario de su localidad natal, donde pronto muestra su parco interés por cualquier tipo de estudio que no sea el dibujo y la pintura. En 1837, su padre ilusionado porque estudie ingeniería, le envía interno al Collège Royal de Besançon, donde su inquietud por los estudios continúa siendo el mismo; pero sí se incrementa su interés por el arte, al alojarse en la casa de un amigo de la familia, castigada con un hijo que también quiere ser pintor.
Courbet comienza a frecuentar la escuela de dibujo dirigida por uno de muchos discípulos del gran pintor neoclásico Jean Luis David, donde comienza a mostrar verdaderas habilidades y aptitudes para la profesión. En 1839 llega a París con la excusa de estudiar derecho, pero todos sus esfuerzos se concentran desde el principio en la pintura. Para completar su formación, acude a algunas de las sesiones del taller de Steube y, principalmente, a la Academie Suisse, donde tiene la oportunidad de conocer a François Bombin, pintor al que posteriormente calificará de realista. Courbet siente gran admiración por la pintura romántica y una especial predilección por Delacroix.
Su cuadro “Autorretrato con perro negro” es aceptado en 1844 en el Salón, sin embargo en los próximos años, muchos de sus cuadros serán rechazados por el jurado, hecho que castigará el particular orgullo del pintor. En 1847 realiza un viaje a Holanda, en el que descubre a Rembrandt y a los grandes paisajistas del siglo XVII, que constituirán junto con la pintura naturalista española y francesa de ese mismo siglo, una influencia fundamental en su obra.
A pesar de instalarse en París, nunca pierde el contacto con su tierra natal, donde se refugiaba para pintar frecuentemente. En la capital francesa acude a menudo a la Brasserie Andler y la Brasserie des Martyrs, donde sus categóricas opiniones cobran con rapidez gran fama. En 1849 le otorgaron la medalla en el Salón que afirmará su carrera artística.
Dos de sus cuadros, “Los picapedreros” y “El Entierro en Ornans”, proclaman un desafío a la clásica jerarquía temática de la pintura oficial, por lo que originan una considerable controversia. Pero Courbet, hombre presumido, siempre se sintió orgullo de si mismo y de las furiosas reacciones críticas. La dureza de la crítica radicaba no tanto en los temas discordantes con la tendencia oficial, como en el modo de representarlos, despojados de cualquier moraleja moral o poética.
Todas las expresiones artísticas de Courbet muestran una total autonomía con respecto a “cualquier idea preconcebida”; su intención radicaba en “extraer del completo conocimiento de la tradición el sentir razonado e independiente de mi propia personalidad”. Durante los años cincuenta Courbet comienza a realizar sus características telas de caza, al mismo tiempo que toma contacto con algunos de los futuros pintores impresionistas.
El primer acto vanguardista de ruptura con la rotunda oficialidad de las instituciones artísticas, fue llevado a cabo por Courbet en 1855, cuando la Exposición Universal de París, entendió que debía rechazar dos obras que el artista consideraba primordiales. Courbet costeó un desafiante barracón en el que expuso cincuenta obras, bajo el título “Realismo”, convirtiéndose en el primer trasgresor de las relaciones institucionales entre artista y público, que en su opinión, debía implicarse en el arte.
En 1857 envía al Salón “Señoritas a la orilla del Sena”, con el que continúa fomentando el escándalo. A finales de 1861 un grupo de estudiantes de Bellas Artes se agitó contra las enseñanzas de sus profesores y proclamó a Courbet su nuevo maestro, quien abrió un estudio en la rue Notre-Dame-des-Champs, donde les acogería no como alumnos, sino como colaboradores, exponiéndoles simplemente su experiencia propia como pintor, y permitiéndoles que fomentaran su personalidad pictórica.
El énfasis en la expresividad que define la personalidad y naturaleza de la obra, es la aportación fundamental de Courbet al arte moderno. Sin embargo, el conservadurismo de la época criticaba y desaprobaba la trivialidad e insignificancia de los argumentos de Courbet, acusados de faltos de nivel moral e intelectual. Su realismo es la expresión objetiva de fragmentos de realidad, expresados a través del carácter y personalidad del artista. Retorno de la Conferencia es rechazado por el Salón en 1863, por considerar que dañaba la moral cristina, puesto que el lienzo retrata a unos clérigos de semblantes enrojecidos a causa de la bebida. Pero su vocacional actitud sublevada no le deparó buenas consecuencias.
En 1871, como presidente de la Comisión de Museos, había planteado la propuesta de la destrucción de la columna napoleónica de la Plaza Vendôme. La Comuna de París por la cual el artista había sido elegido delegado y concejal de Bellas Artes, aceptó y el monumento fue demolido. Courbet fue procesado, condenado a prisión por el Gobierno de Versalles y abandonado por la mayoría de sus amigos, por lo que el pintor se vio obligado a refugiarse en Ornans y posteriormente a exiliarse a Suiza, ante la amenaza de una rigurosa multa designada a sufragar la reconstrucción de la columna. Durante esta época suiza, Courbet parece encontrar tranquilidad fijando su residencia en Vevey y dedicándose a la realización de múltiples paisajes en los alrededores del lago Léman y el castillo de Chillon. Pero al enterarse del embargo de la subasta de los cuadros encontrados en su estudio de París, empeora su enfermedad cirrótica, causándole la muerte en la tour de Peilz, el 31 de diciembre de 1877.

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Hablar de Courbet es hablar de Realismo, fue el máximo representante de esta corriente artística en Francia y su obra fue tan importante que posteriormente influyó en las obras de Cézanne.
El cuadro “Entierro en Ornans” (”Un enterrement à Ornans”) de 1850 que actualmente está en el Museo de Orsay en París provocó una gran polémica en el Salón del mismo año, lo consideraron vulgar y feo, en la obra de Courbet de formato grande se mostraba un entierro con gente de diferentes clases sociales campesinos, burgueses… todo tratado de manera austera, al tener ese realismo tan marcado se convirtió en una pintura revolucionaria.
La obra de Gustave Courbet tuvo como referencias a maestros de la talla de Velázquez, Zurbarán o Rembrandt.
“El taller del pintor” (”L’Atelier du peintre”) 1855 para mi es el cuadro más representativo de Courbet.