Se analiza la situación de la España de posguerra, de los factores que la hicieron resurgir y la importancia que tomó el movimiento artístico.
Valeriano Bozal afirma que la postguerra española duró más que en otros países, concretamente entre 1939 y 1957. Este periodo está caracterizado por el áspero dominio de la dictadura franquista que se movía entre la censura y una cultura propagandística del Régimen. Era pues una cultura oficiosa y no comprometida con los valores democráticos, una anticultura kitsch y pastiche, típica de los totalitarismos, que mediante la recuperación de los valores clásicos e inmutables pretendía mantener vivo el recuerdo de los muertos del pasado, de la victoria de una parte sobre la otra recordando el bellísimo proverbio árabe: “cuando una parte devora a la otra, el todo desaparece”. El todo desaparece dejando paso al caos, a la no reconciliación, la España eternamente dividida.
Como ya advirtió Walter Benjamin todo intento de someter la política a lo estético culmina en la guerra, y su consecuencia es someter la estética a lo político. La respuesta es su contrario, un arte comprometido, aunque sólo fuera con la modernidad, que ya es mucho compromiso. Estas artistas se movieron en dos líneas ideológicas: el marxismo que exaltaba el carácter social de la persona y del arte, y el existencialismo que establecía un compromiso moral en una situación extrema e identificadora del artista y su entorno.
Esta respuesta comprometida se pudo hacer desde dos frentes: los que se exiliaron y los que se quedaron permaneciendo al margen de la cultura y la sociedad española. Pero hubo alguno que en la España previa al 57 hizo verdadero equilibrismo entre compromiso estético y político y vida pública, nos referimos a Oteiza, cuyos “fracasos” se debieron, si no directamente al régimen, sí a su entorno que veía con malos ojos a este vasco nacionalista y republicano. Sólo su fuerte carácter le dio la perseverancia ante la incomprensión y los desaires, y es que como afirmara Cocteau, cuando un artista se adelanta a su época, es ésta la que permanece atrasada.
Pero como decíamos a partir del 57, el país empieza a despertar de su letargo. La cerrazón creada por la dictadura franquista empieza a suavizarse en los años 50. Las relaciones con Portugal fueron cordiales desde el tratado de amistad y no agresión firmado por los dos países en 1939, y consolidado por la entrevista Franco-Salazar en mayo de 1942, en la que se constituyó el Pacto Ibérico. En 1953 el gabinete gubernamental compuesto por tecnócratas del “Opus Dei”, propicia que España firme con la Santa Sede un Concordato, y se realice el Tratado hispano-estadounidense, en virtud del cual España recibió ayuda económica, instalándose en el territorio español bases militares estadounidenses.
Estas ayudas, con la normalizada situación social, el desarrollo turístico, las remesas de los trabajadores españoles en el extranjero, y el crecimiento agrario levantaron al país, ingresando en 1955 en la ONU. En este contexto se crea una burguesía urbana interesada por el arte, como serán los Huarte. Con todo ello, España desarrolla una política y economía más liberalista que es el principio del fin de la autarquía.
Artísticamente comienzan a surgir grupos a finales de los 40: “Pórtico” (1947), “Dau al Set” (1948), “Escuela de Altamira” (1949), “Grupo Inter-Nos” (1953) o “Parpalló” (1956). Coge fuerza el realismo social alentado por José Ortega y practicado por Ibarrola, la obra de Tàpies, Chillida y Oteiza empieza a cobrar proyección internacional. Esta vanguardia española es apoyada por las instituciones nacionales en el extranjero, mientras que en la península se sigue apoyando una cultura académica y tradicional. Estos artistas se veían en la disyuntiva de la oposición al régimen y la colaboración con parte promocional de su política en muestras internacionales. Fraga Iribarne y Sánchez Bella, promociona la modernidad antedicha hacia el exterior, sin entender muy bien el significado de este arte. Se organizan congresos y exposiciones de arte abstracto en Santander, Oteiza gana el Gran premio de Escultura de la “IV Bienal de Sao Paulo de 1957″, y se forman grupos como los informalistas de “Dau al Set” (1948-51) en Barcelona y “El Paso” (1957-60) en Madrid o los normativistas de “Equipo 57″ (1957-67) en Córdoba.
Se podría decir que dominaba la abstracción informalista y constructivista. Los primeros eran subjetivos los segundos objetivos. Aunque con procedimientos y estéticas dispares, el objetivo era el mismo: renovar el panorama artístico nacional. Además de estas dos tendencias, existía una tercera, no menos importante: el realismo social. En torno a ella se formaría “Estampa Popular”, donde participaran artistas tradicionalmente informalistas, como Antonio Saura, con una fuerte actitud política.
En literatura surge la denominada generación del 50, agrupando a poetas con estéticas muy distintas: desde la introspección lírica hasta la voz social. Pero todas, en el periodo de posguerra, con un claro compromiso estético y político: José Hierro, Gil de Biedma, Claudio Rodríguez o José Ángel Valente. Será frecuente la colaboración de artistas plásticos, arquitectos y poetas creando una cultura multiforme con un objetivo común.
En el terreno de la arquitectura se intentará definir una postura más acorde con la europea. En los años 30 destaca el GATEPAC (Grupo de Artistas y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea) que introduce el funcionalismo de la Bauhaus. Este progreso se verá interrumpido por la Guerra Civil y los duros años de posguerra, en los que se vuelve a la arquitectura neoherreriana como símbolo de la dictadura franquista.
Con la apertura de los 50 surgen movimientos insertos en las corrientes de la arquitectura internacional como el “Grupo R”, formado en Barcelona en 1951, que se dedicó a organizar concursos entre los estudiantes de arquitectura, exposiciones de sus obras y de los nuevos materiales de construcción, y ciclos de conferencias que introducían nuevas corrientes arquitectónicas. Mientras tanto, en Madrid, se irán celebrando mensualmente las “Sesiones Críticas de Arquitectura” donde se tratan los problemas de la vivienda, la relación de la arquitectura con el paisaje, tipologías de edificios y cuestiones técnicas o biográficas.
Las manifestaciones de este tiempo, y seguimos a Estrella de Diego, se insertan en las ideas de “arte como arte” y su búsqueda de la vanguardia, en el contexto nacional, debía ser entendido como un arte político. Pero realmente, no podían ir más allá, todos los grupos que van surgiendo están en un punto de mira, resuelto mediante una abstracción que criticaba sin despertar sospechas, y además eran apoyados como imagen de España y reconocidos a nivel internacional. El mensaje resultó demasiado complejo para cierta intelectualidad que se había quedado en una realismo rancio y ridículamente exaltado. Esta es la burla antifranquista de la modernidad española, y su éxito en un tiempo aparentemente tan poco favorable para ellos.
La burla fue seguida por las revistas culturales, muy florecientes a pesar del corte durante la Guerra Civil, y gracias a las numerosas personas comprometidas que se quedaron en España, y que actuaron, no sin cierta censura por parte del régimen, filtrando tendencias extranjeras y exiliadas. Ahí reside su enorme importancia. Frente a esto también nos podemos encontrar revistas culturalmente comprometidas con la Dictadura y que encuentran su analogía en la estetización política a la que aludíamos antes. Entre unas y otras encontramos “Papeles de Son Armadans” sin implicarse política o socialmente, pero comprometida con la modernidad.

Enlaces Patrocinados:
Otros Reportajes:
Los más comentados:
Musée du Louvre: Un viaje hacia la cultura (14)
Giorgione (11)




Estás en:



Estás en:
MundoArte | Comentarios de Arte | España años 50

