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El Palacio de la Aljafería de Zaragoza

El Palacio de la Aljafería se presenta como un alarde de arquitectura, suntuosidad y calidad artística,  realizado por uno de los pueblos más ricos, culturalmente hablando.

La Aljafería de Zaragoza es un palacio hispano-musulmán, realizado tras varias etapas de construcción, de las cuales, quizás la mas brillante, fue la correspondiente al reino de los Taifas, del siglo IX. Tras la fragmentación del Califato Omeya de Córdoba, Zaragoza queda como un  pequeño reino de Taifa, gobernada sucesivamente por dos linajes árabes. Ahmad Abu Yafar al-Muqtadir, perteneció a la segunda familia reinante, y durante su mandato entre el 1046 y el 1081 mandó construir el palacio; el cual fue ampliado en años sucesivos.

Cuando llegaron los Almorávides en el año 1100 ya estaba construido, y finalmente pasó a formar parte del Reino de Aragón, reutilizado por estos soberanos cristianos. Los régulos, o señores del pequeño estado de Zaragoza tenían dos palacios: uno en el interior de la ciudad, llamado la Zuda, el cual, supuestamente era el alcázar residencial de los soberanos; y otro, la Aljafería situada extramuros de la ciudad, entre las huertas y las acequias, para disfrute de sus propietarios. En este caso, el palacio, combinaba la labor agrícola y de ocio; con las de espacio fortificado, vivienda del gobernante y espacio ceremonial y representativo.

El recinto levantado por Al-Muqtadir o “El Poderoso” como era conocido, era la muestra fehaciente de la gran arquitectura palatina cordobesa. Por ello resaltan dos inscripciones que se encuentran en el pórtico meridional del palacio, donde aparece en un arco el titulo triunfal de Al-Muqtadir, tras haber reconquistado a los cristianos la plaza de Barbastro. Todo en el palacio está relacionado con su constructor, y también con su arquitecto, pues el mismo nombre de Aljafería se refiere a Munya al-Yafariyya, su hacedor. Antes de pasar ha comentar su estructura, distribución y demás elementos decorativos, debemos mencionar que este palacio se construyó sobre un antiguo recinto omeya, reutilizándolo por motivos técnicos, pero también simbólicos, pues el usar ese mismo emplazamiento, reforzaba la idea de los taifas de ser los herederos directos de los grandes califas omeyas. Este castillo, se construyó a partir de una planta de diseño cuadrado, rodeado de grandes murallas, y de torres semicirculares. Esta configuración está relacionada o inspirada directamente, en los castillos omeyas del desierto. Por un lado, se marcaba el carácter defensivo y protector del edificio; asegurando también con ello, la privacidad y el aislamiento de la vida interior. De la parte mas antigua, correspondiente al siglo XI, sólo ha llegado a nuestros días el sector central, donde se encontraban las dependencias principales; y las áreas laterales, de habitaciones auxiliares. Pero también podemos contemplar de esos primeros años la Torre del Trovador, siendo ésta la construcción más antigua aún en pie, de carácter defensivo, reutilizada por los cristianos como torre del homenaje. Debido a la composición en planta cuadrada, en su interior queda un gran patio central rectangular, entorno al cual se organiza el resto de las estancias. Hoy el patio, es conocido como el Patio de Santa Isabel, en honor al nacimiento en la Aljafería de la Infanta Isabel de Aragón en el año 1282. Este esquema, en torno al patio, está siguiendo el modelo habitual de los edificios andalusíes, tal como se puede ver en los Cuartos de Granada de la Alcazaba de Málaga, de misma distribución y contemporáneos a esta construcción.

La dualidad de valores se despliega por todo el edificio, los salones ejercen su papel de estancias regias para representaciones de poder, mientras también desempeñan una labor domestica e intima como lugares de recreo y residenciales. El salón, situado en la parte septentrional del patio, es sin duda el del trono, cuyos espacios adyacentes, abiertos en sus extremos y llamados alanas, servían como salas auxiliares y de descanso para el gobernante. Junto a este salón del trono, se halla también un preciosos oratorio o mezquita, de planta poligonal cuyo uso es de carácter privado para el soberano, y su entorno mas cercano. Los elementos del salón meridional, no dejan claro la función para la que este era utilizado, pero debemos suponer que tenía un carácter más íntimo que el comentado salón del trono. En los laterales largos del patio, se situarán las zonas de servicio, como cocinas o lugares de almacén; y salas secundarias, también, como habitaciones residenciales. De la disposición de estas, y de la falta de algunas estancias necesarias para la vida del soberano, se puede deducir que existía un segundo piso destinado a ser espacio residencial, dedicado específicamente a vivienda de las mujeres de la familia real. Al abrirse todas las habitaciones a este gran patio, todas ellas gozaban de gran iluminación y ventilación, desde las cuales los gobernantes podían gozar del aire libre desde su espacio íntimo. Los dos grandes salones se abrían, a través de bellos pórticos con arcos polilobulados y entrelazados, a extensos y agradables jardines, simulando una profundidad espacial inexistente. Este jardín, era uno de los lugares principales para el soberano, tanto para disfrutar de sus ratos de ocios, como para ser escenario de fiestas y banquetes al aire libre. Finalmente, debemos hablar de la decoración interior de este gran palacio zaragozano.

Gracias a la labor de investigación y a su obra, Cabañero Subiza nos ha permitido conocer más de cerca la ornamentación original del salón del trono y su origen simbólico, siendo esta sala la mas relevante del conjunto palaciego. Este salón del trono también era conocido como Maylis al-Dahab, o Salón de Oro, así sale denominado en un texto poético escrito por el propio Al-Muqtadir. En este texto también podemos leer sus esplendorosas decoraciones. A partir de un poema del panegirista de la corte Abu Bakú al-Yazzar al- Saraqusti nos ha llegado información referente a sus alfombras de seda, sus cojines bordados que cubrían todo el suelo, y finalmente de sus cortinas de oro que pendían de los arcos y paredes del salón. En esas líneas, también se puede leer, que había lamparillas  brillantes, para resaltar el esplendor y la simbología astral del soberano. De sorprendente hermosura y manufactura es el techo que cubre el salón, de casi veinte metros de largo, con un artesonado sustentado por fuertes vigas y traviesas, que se decoran con lacerías que al entrelazarse forman estrellas de ocho puntas, y a su vez compartimentan el espacio en treinta grandes casetones. De parecida decoración, e igual de suntuosidad debía ser el salón meridional, aunque de menor tamaño. En ambos, también se encontraban bellos muebles como mesitas bajas, asientos, estrados con cojines, camas con colchones de lana, ricas sabanas, baúles, arcones, de lo que nada ha llegado a nuestros días. Sin embargo, objetos de menor tamaño y de diferente funcionalidad si han perdurado en el transcurso de los siglos, como por ejemplo candelabros, braseros, aguamaniles, pebeteros o incensarios, cajitas de marfil para perfumes y joyas; así como elegantes recipientes, y ricos vestidos, las joyas de sus propietarios; nos permiten hacer una ligera idea de la suntuosidad con la que se vivió en este palacio. Finalmente, decir que todos sus pavimentos eran mármoles de diversas procedencias, y que sus paredes llevaban un zócalo que cubría un tercio del espacio, todo en alabastro. A su vez estas paredes, eran recubiertas con paneles de yeso, decoradas con motivos de ataurique, caligrafía o geométricos, desarrollando un verdadero programa decorativo.

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...por Laura Alonso ...por Laura Alonso


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1 comentario en El Palacio de la Aljafería de Zaragoza

  1. Las diferentes arcadas del testero norte me parecen una trabajo precioso con sus cuidados relieves, al igual que en el Patio de Santa Isabel, donde las arcadas forman un precioso dibujo sobreponiéndose una encima de la otra.

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