Locura o genialidad, la obra del holandés es un paradigma pictórico que a nadie deja indiferente, pues todo lo bueno y lo malo se encierra en ella.
Este artista holandés gozó durante su vida de un estatus social acomodado y de una situación económica holgada, gracias al matrimonio realizado con Aleyt van Mervende. Sin embargo, sus conflictos estaban dentro de las paredes de su cabeza, ya que parece que estuvo obsesionado con los pecados carnales, con la religión, y con una serie de preceptos que llenaron sus obras plasmando así sus ideas. Como fieles testimonios de estos pensamientos nos quedan las obras de este maestro.
Cuadros realizados con libertad, quizás demasiada para un artista de esa época, sobre todo a la hora de expresar sus más oscuros sentimientos. Desenvuelve su estilo entre dos eras, por un lado arranca de una sociedad gris característica de la Edad Media, hacia un mundo más amplio que ya proclama el humanismo adelantando el próximo renacimiento, en plena era moderna. Así conceptos como alquimia, herejía, erotismo, fuerzas malignas, y un largo etcétera son un germen claro que arrastra de la mentalidad medieval. Pero su manera de plasmarlo con tal libertad pertenece más a ese mundo hacía el que avanzan. Y como prueba de todo ello, El Bosco dejó sus fantasmas plasmados en la obra que aquí nos ocupa, “el Jardín de las Delicias”. Este tríptico es posiblemente la obra cumbre de este autor holandés, realizado en óleo sobre tabla, y compuesto de un panel central y dos laterales, que se abren y cierran. Es, sin duda, una de las obras más enigmáticas de la historia del arte, por sus representaciones, y por sus múltiples interpretaciones.
Todo son misterios en torno a ella, pues parece que pocos datos están claros, ni siquiera la fecha de su manufactura, datándola hacía finales del siglo XV. Tampoco se han puesto de acuerdo los profesionales sobre quién la encargó, aunque todo apunta hacía la persona de Enrique III de Nassau, tal como explica Gibson basándose en el testimonio del primer biógrafo del El Bosco, quie aseguró haber visto la obra dentro del Palacio de Bruselas. Sin embargo, la importancia de la obra radica en sus escenas y personajes.
En primer lugar veamos que nos narra el tríptico cuando permanece cerrado; podemos ver representado un globo terráqueo, dentro de una esfera transparente, relacionado según Tolnay, con la fragilidad del mundo. Todo apunta a que esta representación sea interpretada como el tercer día de la creación, y a su vez el número tres como cifra divina, símbolo de la Trinidad, y por ende de la perfección del universo que aquí se nos muestra. Una vez observado ese bello mundo, abrimos las puertas del tríptico para dar paso a todo un mundo fantástico cargado de simbolismos. En el panel izquierdo comienza, en cierto sentido, la humanidad, representado por Adán y Eva dentro del Jardín del Edén o Paraíso Terrenal. En un bello paisaje irreal, se puede ver a Dios en el momento de la creación de Eva, junto a Adán y junto al Árbol del bien y del mal, representado por una palmera en torno a cuyo tronco se envuelve una serpiente. También se observa el árbol de la Vida simbolizado por un bello drago al fondo la famosa Fuente de la Vida. No obstante, en este aparente paraíso, los símbolos que encontramos preludian el pecado, por un lado la presencia de la maligna serpiente como prefigura del pecado y también por la presencia de varios animales enfrentados entre sí. Así, si interpretamos el mensaje, veremos numerosos animales reptantes o que nadan en el agua, símbolo de los elementos del agua y la tierra relacionados con la fecundidad, y a su vez con la mujer. Por otro lado el pecado masculino se representa en los animales de aire, que se asocian al fuego y que como opuesto a los anteriores elementos representan la identidad masculina. Los animales representados como leones, jirafas o elefantes, proceden del mundo africano, sólo conocidos en aquellos entonces por los Bestiarios mitológicos de representaciones dudosas, tal como aquí se muestran. Así, este paraíso es el preludio de los pecados humanos dando paso a la siguiente tabla, “el Jardín de las Delicias”. Aquí la humanidad ha dado un paso más allá en el camino a su perdición. Transportados por el pecado de la lujuria, el mal se ha apoderado de los humanos y en este panel se representa esa caída. Múltiples escenas sexuales de diferente índole se manifiestan en cada rincón de la obra, casi con el horror vacui característico del arte medieval. Así podemos, de nuevo, hacer varias interpretaciones de los símbolos que se han pintado, las frutas que aparecen como alusión a los placeres terrenales, siguiendo la obra Iconología de Ripa, pero simbolizando a su vez, por su rápida caducidad, lo perecedero de ese placer. Muchas aves aparecen como símbolo de la lascivia o iconos eróticos. Por otro lado la Fuente de la Eterna Juventud que aparece representada en el estanque circular del centro, donde cuenta la historia qué los hombres podían bañar sus pecados; y que a su vez se bifurca en cuatro corrientes identificadas como los cuatro ríos del paraíso terrenal. Todo ello encerrado por extrañas estructuras que envuelven las escenas y producen una sensación agobiante a sus participantes. Así sería el pecado que atrapa, corrompe y oprime al ser humano. A su vez se tiende a la representación de los animales en posiciones invertidas, representando un verdadero mundo al revés, relacionado con el lenguaje literario de la época, sobre todo con la obra de Erasmo de Rótterdam; y con ello la lectura de que lo que se ve no es lo que parece, pues este falso paraíso es el nacimiento de los mas oscuros pecados del hombre. Destaca en esta tabla un personaje que aparece en la parte inferior totalmente vestido, mirando provocativamente al espectador. Respecto a este hombre se han establecido numerosas interpretaciones, resaltando la de Bax que lo identifica con la figura de Adán pues aparece señalando a la fémina desnuda que, sin lugar a dudas, es Eva. Y así se alcanza en la lectura del tríptico el tercer panel, conocido como el Infierno musical, ya que en él aparecen múltiples instrumentos musicales. El pecado está relacionado con la música, pues en la Edad Media y en la mentalidad del artista la música induce al pecado, sobre todo en la mujer. Por ello, aquellos instrumentos que sirvieron de deleite carnal son ahora el medio para realizar la tortura. También está presente aquí el fuego y el sufrimiento, símbolos clásicos del infierno literario. En la parte central aparece un mundo onírico, de seres fantásticos, con símbolos famosos como el hombre árbol, donde se ha querido ver el rostro de El Bosco. Condenados patinando en un lago helado, donde el contraste del frío y el calor se hace patente, relacionándose con las torturas infernales, que en el medioevo eran utilizadas. Así la interpretación de este panel en general, sería el desenlace de la historia que se nos viene narrando desde la primera tabla; una evolución donde el hombre es el protagonista y el verdadero culpable de todos sus males.
Tras este rápido repaso de esta gran obra, podemos aclarar que el objetivo mas latente debía ser el de moralizar a través del mensaje. Finalizaremos el estudio con la interpretación de las tablas, dada por algunos autores; en primer lugar Fraenger consideró al Bosco como un miembro de la secta Hermanos del Espíritu Libre, y esta obra, por ello, sería la ilustración de la doctrina de la secta, que promulgaba la libertad sexual para alcanzar la salvación del alma. Por otro lado, la interpretación de Tolnay es de índole moral, relacionándolo con el psicoanálisis, y considerando que este tríptico en la interpretación de los sueños humanos, donde en el inconsciente se da rienda suelta al erotismo.
De cualquier modo, El Bosco a través de una técnica pictórica perfecta, donde se ve claramente un dominio de la luz, el color y la perspectiva; consigue crear un universo fantástico lleno de símbolos que permiten al ser humano adentrarse en mundos desconocidos a través de la magia de la pintura.

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