La extensión del Imperio romano a lo largo del perímetro del Mediterráneo, durante más de cinco siglos, ha dejado en nuestro suelo restos arqueológicos de primer orden.
La romana, es la manifestación artística más significativa de la historia del mundo occidental, su influencia nunca se ha dejado de percibir a lo largo de muchos siglos en toda Europa. Roma compartió muchas de las ideas básicas de la civilización griega, sin embargo, su principal originalidad radicó en el pródigo utilitarismo que dieron a las artes, como medio de deleite del pueblo y de solución de problemas prácticos. Optimizaron la utilidad del arte sin sacrificar la claridad clásica de la forma y pusieron el arte al servicio del Estado, que se ocupó especialmente de las obras públicas; los emperadores romanos hicieron de su capital una ciudad de monumentos. La arquitectura es la expresión más importante de esta cultura, que desarrollará un sensacional programa constructivo y de ingeniería, primero en la ciudad de Roma y luego extendiéndose por todo el Imperio. Su característica esencial es la racionalidad y funcionalidad, con el objetivo de satisfacer las necesidades privadas y públicas. A ello se une su grandiosidad monumental, majestad y robustez, como expresión del poder y superioridad de Roma frente a los pueblos conquistados y con el fin de resistir el paso del tiempo y expresar la uniformidad del imperio.
Aunque los romanos tomaron los clásicos órdenes arquitectónicos griegos, los usaron con mayor libertad combinándolos entre sí en la misma fachada y agregaron dos propios, el toscano y el compuesto. El orden toscano es una derivación del dórico y sus modificaciones radican en la presencia de basa, una columna más alta y sin estrías y un capitel con algunas moldaduras, además de un entablamento más sencillo. El orden compuesto toma del jónico las volutas que sobresalen de las equinas y del corintio la forma de cestillo del capitel, el fuste es estriado y el friso está muy decorado, dotando al capitel de la elegancia y riqueza características.
A la arquitectura arquitrabada de los griegos, la romana incorpora de manera constante la bóveda, siendo la más utilizada, la de medio cañón. También emplean de forma considerable la cúpula, pilares y pilastras.
Otra importante aportación romana será la amplia difusión del arco de medio punto, que frecuentemente es encajado entre las columnas y el dintel, estableciendo un sistema constructivo de gran originalidad que aporta solidez al edificio.
El Templo, de ascendente etrusco y griego, es una de las construcciones más comunes. Se ubica sobre un alto podio que sólo tiene acceso por el frente anterior. Es de forma rectangular, está rodeado de columnas adosadas al muro y el tejado es de doble vertiente y de mayor inclinación que el griego.
El más importante es la denominada Maison Carre de Nimes. Una innovación romana es el templo de planta circular dedicado a Vesta y el Panteón de Agripo. El Panteón de Roma merece una mención especial, en él se manifiesta una excepcional utilización de la bóveda para cubrir tan amplio espacio.
La Basílica, recinto para la celebración de transacciones de negocio y administración de justicia, consta de una gran nave central y dos laterales de forma rectangular y con testero semicircular. La basílica de Ulpia, Julia y la de Constantino, son algunas de las más importantes, sobre cuyas ruinas se levanta hoy la Iglesia de San Pedro de Roma.
Las termas eran grandes complejos arquitectónicos de esparcimiento y salud pública, donde se establecían baños de diferentes temperaturas, que serán utilizados como centros de reunión.
Algunos de los edificios más emblemáticos del mundo romano fueron los dedicados a los espectáculos que solían construirse cerca de la ciudad pero fuera de las murallas. El teatro romano, heredero del griego, tiene la orquesta y el graderío de forma semicircular. Algunos teatros importantes fueron el de Pompeyo y el Marcelo. El anfiteatro por excelencia es el Coliseo de Roma. Eran de planta elíptica y parecen estar constituidos por dos teatros. Estas edificaciones estaban destinadas para espectáculos bárbaros y sangrientos como las luchas de gladiadores y combates de fieras.
Los circos estaban inspirados en el hipódromo griego y estaba destinados a carreras de caballos. La pista era rectangular, dividida por un muro y con la cabecera en forma de semicírculo. El más importante de los circos romanos fue el circo Máximo.
Los monumentos conmemorativos tendrán un especial desarrollo en Roma, debido a los deseos de los militares de representar sus triunfos, un suceso feliz u honrar a un personaje. Se levantan grandes columnas, pilares cilíndricos muy altos y robustos, con relieve en torno a su fuste. La columna de Trajano y la de Marco Aurelio son dos de las más importantes. Sobresalen por su belleza los arcos de triunfos, copias de las puertas etruscas que se abrían en las murallas de las ciudades. Uno de los arcos de gran belleza fue el de Tito.
Las ciudades romanas exigieron la construcción de grandes urbanísticas obras para salvar ríos, abastecer de agua la urbe o facilitar viajes. Por ello, algunas de las obras de arquitectura romana más interesantes son los puentes, acueductos, calzadas, murallas o foros, una muestra más del espíritu práctico que caracterizaba al pueblo romano. En España, los mejores puentes romanos que se conservan son los de Alcántara y Mérida, sin olvidar el impresionante Acueducto de Segovia.
La escultura tuvo en sus comienzos una influencia etrusca y griega, que puede apreciarse sobre todo en el retrato, género favorito. En la época republicana, se caracteriza por su austeridad y en Imperio, por la mayor profusión de detalles y la intención de reflejar la dignidad del personaje más que su individualidad. Tanto en el retrato como en el relieve histórico se muestra el carácter práctico y utilitario de los romanos, deseosos de conmemorar hazañas y triunfos. Las características más importantes de los relieves fueron el uso de la perspectiva y la profundidad, y uno de los más importantes, el del Ara Pacis de Augusto, exalta la paz.
La pintura se desarrolló a través de los frescos que representaban temas mitológicos, históricos y paisajísticos. En ciertos periodos se empleó el estilo arquitectónico, que imita los elementos constructivos.
En el ocaso del Imperio romano su espíritu sobrevivió con el paso del tiempo hasta nuestros días. En cada piedra de los restos arqueológicos que se atesoran en nuestras ciudades actuales se sospecha el esplendor de la gran civilización romana.

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