buscar
Espanol flagIngles flag

Tiempo estimado de lectura 5:24 min. rellotge
El Arte de la Pintura: Johannes Vermeer

En esta bella obra, Vermeer creó un espacio donde la alegoría y la realidad conforman un conjunto inigualable. La pintura holandesa del siglo XVI se caracterizó por las representaciones costumbristas, cargadas de escenas cotidianas, que contenían un sutil mensaje moral muy atractivo par sus compradores.

Toda esa vivacidad, alegría y tono desenfadado contrastaban fuertemente con la estética clásica barroca imperante en el resto de Europa.

El siglo XVII se presenta de forma parecida en el panorama pictórico, donde las escenas siguen siendo domésticas, pero ahora el espacio ha trascendido de lo rural a lo urbano. El pintor, en estos años, seguía cargando la escena con alegorías morales que plasmaban, a veces, las consecuencias de una vida inmoral. Esta pintura holandesa estaba caracterizada por la representación de interiores, que a menudo eran de manufactura tan compleja, que complicaban su interpretación. La presencia de ciertos valores o interpretaciones morales, conllevaba que algunos objetos dieran una lectura de significado oculto. Estas circunstancias hacían que muchas veces, los pintores retocaran los interiores donde se desarrollaba la escena a pintar, llenándola de elementos que no eran comunes a las casas de aquella época, sin embargo, tomaban sentido en la mente de los artistas.

Este es el panorama donde Vermeer desarrolla su vida y arte. Johannes Vermeer nació en 1632 en Delft, Holanda, y allí vivió toda su vida, hasta su fallecimiento en 1675. En cuanto a su vida se conoce bastante poco, pero si se puede decir que tras Rembrandt fue el pintor mas excelso del panorama pictórico holandés. Su obra fue escasa, se conocen solo unos treinta y cuatro cuadros pintados por él, aunque aún se duda de la autoría de alguno de ellos. Casi todos eran escenas de interior, donde destacaba la luz, el estudio de la perspectiva y la minuciosidad de sus personajes y objetos. Durante su vida obtuvo alguna fama y consiguió vender sus obras a ciertos personajes relevantes de su sociedad. En este ámbito es donde debemos ubicar esta magnifica obra del Arte de la Pintura, considerada una alegoría de la pintura por algunos historiadores.

Esta obra, es una de las más perfectas realizadas por Vermeer, donde sus cualidades y conocimientos se desarrollan hasta alcanzar la cumbre de la perfección. Dentro de su carrera pictórica este cuadro es una excepción, pues mezcla la clásica pintura de interiores con un tema alegórico. El lienzo esta protagonizado por dos personajes, en un primer plano aparece el pintor de espaladas al espectador. Y en el plano del fondo se puede ver una mujer, presumiblemente actuando de modelo para el artista, que posa con una corona de laurel, portando un libro y una trompeta en sus manos. Dichos atributos, con los que se presenta la figura femenina hacen referencia a la alegoría de la Fama y a su representación en los libros. La trompeta y corona de laurel son parte de una simbología que alude a dicha personificación, conocido por todos los eruditos de aquellos años. Es por tanto, fácil que aquel que la contemple pueda ver rápidamente en ella los emblemas correspondientes a Clío, la musa de la historia. Pero no acaba aquí el juego visual que nos ofrece Vermeer en esta obra. Por un lado, la máscara que aparece sobre la mesa puede ser el símbolo de la imitación, y por ello, de la pintura. La lámpara de la estancia está coronada por una bella águila bicéfala, claro símbolo dinástico de los Habsburgo, que gobernaban los Países Bajos desde el siglo XVI. Este territorio, a su vez, aparece presente también en el mapa del fondo, que a modo de tapiz cubre la pared de la habitación. Sin embargo, esta lectura también puede obviarse, y verse en esta obra un simple espacio repleto de objetos bellos y representativos de la época en que Vermeer la pintó, siguiendo la moda o gusto de su clientela. Pero no podemos dejar de hacer esta lectura de carácter emblemático, pues la conjunción de todos los objetos que aquí se representan parecen un claro referente a la prefigura de la historia, relacionándola directamente con el mundo pictórico. Pero la verdadera protagonista de este cuadro es la perspectiva y el juego al que nos invita el artista al contemplar la obra.

El espacio está distribuido de tal modo, que nos lanza rápidamente al centro de la composición. Ayudado por la colocación del tapiz del fondo y el cortinaje de la izquierda, Vermeer nos incita a pasar y a querer descubrir aquellos recovecos que la cortina cubre sutilmente. Este ilusionismo óptico se acentúa con un punto de fuga mas bajo de lo habitual, situado a la altura de la mano de la mujer, lo que hace que nuestros ojos acudan directamente a admirar a la modelo, antes de seguir nuestro viaje por el espacio pictórico. Estas cualidades del cuadro, permiten que el maestro consiga que nuestra mente se centre en la escena contemplada, olvidándonos del entorno que nos rodea. Pero si conseguimos alejar nuestros ojos se de tan bello lienzo, comprobaremos como Vermeer participa de las características de la pintura de su época y de sus compatriotas. El uso del formato vertical, el foco de luz incidiendo en la escena desde el ángulo izquierdo, la cortina enmarcando y escondiendo de igual modo, el suelo ajedrezado, formando la sensación tridimensional del conjunto. Todas ellas son notas comunes a las obras realizadas en esos momentos por sus coetáneos, donde la pintura de interiores protagoniza la mayoría de ellas. En general consigue en este lienzo de manera muy sutil, alcanzar al público con una obra, aparentemente superficial pero cargada de sentido.

El pintor está presente en la obra, pues no sólo la realiza, sino que participa en tan admirable vista de manera anónima, y comparte con el espectador tan intensa experiencia. No hemos dicho aún en que momento de su vida Vermeer pintó este lienzo, parece ser que fue en torno al 1666, cuando ya estaba casado con Catharina Bolnes, mujer con algunas riquezas y que profesaba la religión cristiana. Con ella tuvo once hijos, lo que hizo que la vida del artista siempre estuviera cargada de deudas y problemas económicos, por ello su actividad artística tuvo que verse acompañada de otro tipo de labores con las que mantener tan extensa descendencia. Entre los trabajos que desempeñó, destaca sobre todos la convocación por parte de La Haya de su persona, en 1672, para realizar la tasación de una colección de telas vendidas a Federico Guillermo, el gran elector de Branderburgo. Esta anécdota, además de mostrarnos la otra cara del pintor, y sus demás actividades fuera de la manufactura pictórica pero dentro del mundo artístico; nos pone también de manifiesto el grado de fama que alcanzó como experto en arte y gran maestro de la pintura. En gran cantidad de ocasiones sus obras le sirvieron de moneda de cambio, para poder saldar deudas en diferentes negocios. Sin embargo, todo en este cuadro es excepcional, no solo su manufactura original dentro de la escasa trayectoria artística que conocemos del pintor, sino también el lugar que habitaba en el corazón de él y de su familia. Ya que es el único lienzo tan claramente alegórico y de formato tan magno. Pero además debió tener un gran valor sentimental, ajeno a sus cualidades pictóricas como tales.

Cuando se sucede la muerte del pintor, su viuda se encuentra rodeada de deudas y de hijos, muchas de sus obras sirvieron para mejorar de algún modo dicha situación. Sin embargo, Catharina siempre intentó mantener esta obra dentro de las paredes de su casa, demostrando así el amor que sentían por dicha tela, retazo de la mente de un gran maestro.

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas (2 votos, promedio: 3.5 de 5)
Cargando ... Cargando ...



...por Laura Alonso ...por Laura Alonso


Enlaces Patrocinados:


Otros Reportajes:


Los más comentados:



Publicidad


Publicidad




PortalMundos Factory, S.L. | 2000 - 2008 | Hosting Profesional por isyourhost.com isyourhost.com