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“Claes Oldenburg: los años sesenta” en el Museo Guggenheim Bilbao del 30 de octubre al 17 de febrero de 2013

Organizada conjuntamente por MUMOK Viena y el Museo Guggenheim Bilbao “Claes Oldenburg: los años sesenta” es la muestra más amplia dedicada en España a la obra temprana, innovadora y emblemática realizada en los años sesenta por Claes Oldenburg (Estocolmo, Suecia, 1929), una de las figuras más influyentes en el desarrollo del arte desde la década de los cincuenta.

Con sus irónicas y agudas representaciones de objetos cotidianos de los años sesenta, Oldenburg contribuyó enormemente a la renovación de la escena artística norteamericana siendo clasificado como un artista fundamental de la performance, el arte de la instalación y el Arte Pop. Sin embargo, su obra polifacética y heterogénea va mucho más allá. Un ejemplo de ello son sus proyectos de gran escala, gigantescos monumentos de objetos consumo ubicados en grandes ciudades de todo el mundo realizados junto a Coosje van Bruggen, han ejercido una gran influencia en el arte para espacios públicos.

Uno de los puntos de referencia fundamentales del trabajo de Oldenburg es el objeto de producción industrial, el objeto como mercancía, que a través de continuas y nuevas metamorfosis de medios y formas se convierte en transmisor de cultura y símbolo de la imaginación, los deseos y obsesiones del mundo capitalista.

Organizada conjuntamente por el MUMOK de Viena y el Museo Guggenheim Bilbao, a lo largo de la segunda planta se muestran, en una magnífica selección cerca 300 obras, empezando por la instalación “La calle” (”The Street”) y sus representaciones inspiradas en los grafitis de la vida moderna en la gran ciudad; los famosos artículos de consumo de “La tienda” (”The Store”) o los espectaculares objetos de uso cotidiano del “hogar moderno”.

La exposición también dedica una sección a los primeros diseños que Oldenburg hizo para para espacios públicos de todo el mundo y a su emblemático “Museo Ratón” (”Mouse Museum”), un museo en miniatura en forma de “Ratón Geométrico” (”Geometric Mouse”) por el que el visitante puede transitar y para el cual el artista reunió una colección de 385 objetos desde los años cincuenta.

Finalmente, gracias a la estrecha colaboración del artista en el proyecto, la muestra se completa con una serie de trabajos nunca antes expuestos o rara vez exhibidos: dibujos, fotografías, películas y, especialmente, páginas de cuadernos de apunte, que brindan al visitante una oportunidad excepcional algunas de penetrar en su ingeniosa y humorística forma de pensamiento de Claes Oldenburg.

 

La calle y las banderas

Cuando Claes Oldenburg llegó a Nueva York en 1957 se instaló en el Lower East Side, una de las zonas depauperadas de Manhattan y se dedicó a observar el entorno donde vivía, dominado por aquel entonces por la pobreza, el tráfico, el trabajo, la economía monetaria, el aislamiento y la ausencia de comunicación. Es así como el artista empieza a crear, a partir de cartones viejos y madera que une por medio de cola o de cuerda, una serie de objetos bidimensionales que representan coches, señales de tráfico, vallas publicitarias, transeúntes, etc., pintados toscamente al estilo grafiti.

La instalación denominada “La calle”, que fue mostrada por primera vez en la Judson Gallery en 1960, sentó las bases para un nuevo arte que se conocería como “pop urbano”. Las obras que formaron parte de esta instalación se muestran, como entonces, intentando transmitir la atmosfera de esta primera instalación, colgadas del techo, apoyadas en las paredes, inclinadas o dispuestas unas junto a otras, creando un efecto teatral. Al caminar entre estos objetos, como la enorme escultura “Hombretón” (”Big Man”, 1960), que representa a un sin-techo, o “Cabeza de la calle, I (”Gran cabeza”, “Gong”") “Street Head, I (”Big Head”, “Gong”)”, 1959], el visitante se imagina al caótico y efervescente mundo del Lower East Side, asediado por el capitalismo y las constructoras.

En el verano de 1960 Oldenburg dejó atrás el ruido, la suciedad y el caos de la gran ciudad y se trasladó durante un corto periodo de tiempo a Provincetown, un pequeño pueblo al norte de Nueva York. Allí creó las obras de la serie “Banderas de Provincetown” (”Provincetown Flags”), que el artista empezó a construir utilizando las tablas que llegaban a la orilla de la playa y que muestran las conocidas barras y estrellas de la bandera norteamericana: un emblema-fetiche, símbolo omnipresente de la conciencia nacional.

El arte de Oldenburg siempre ha reflejado el contexto cultural del sitio donde fue creado. No es por tanto casualidad que sea precisamente en Provincetown, en 1620, cuando los Padres Peregrinos, inmigrantes ingleses que cruzaron el Atlántico a bordo del Mayflower en busca de la libertad de culto, firmaron el “Pacto del Mayflower”, considerado como el primer acto de autonomía americana, y también por algunos como el fundamento de la Constitución de los Estados Unidos de América.

 

La tienda

A su regreso a Nueva York en el otoño de 1960 Oldenburg empezó a desarrollar en una serie de nuevos trabajos con los que se adentraba en el colorista mundo de los bienes de consumo, despojando al arte de su pedestal intelectual y enfrentándolo con el fluir de la vida real.

En invierno de 1961 el artista comenzó a comercializar estos objetos en su estudio, que abrió durante dos meses como si se tratará de una tienda más del Lower East Side. Estas esculturas de muselina emplastecida, de colores muy brillantes y superficies poco acabadas, que el artista mostraba hacinadas y sin ninguna conexión entre ellas, representaban objetos cotidianos del “hogar moderno” relacionados con mundo del consumismo: comida, ropa interior, herramientas, aparatos domésticos, etiquetas de precios, etc como “Chaqueta de caballero con camisa y corbata” (”Men’s Jacket with Shirt and Tie”, 1961) o “Reloj de pulsera en azul” (”Wrist Watch on Blue”, 1961). Algunos de estas obras realizadas en 1962 fueron creadas en una escala enorme, como “Tarta en el suelo” (”Floor Cake”, 1962) o “Patatas fritas con ketchup” (”French Fries with Ketchup”, 1962) mostrando el tono irónico y humorístico que caracteriza la obra del artista en estos años, en una constante exploración sobre el potencial metafórico de los objetos cotidianos.

 

El hogar y Los monumentos

Con la serie de los objetos de “El hogar”, que Oldenburg inició durante una estancia en California en el año 1963, el artista vivió una transición temática desde “La calle”, pasando por el espacio semi- público de “La tienda”, hasta llegar a la esfera privada de “El hogar”. En esta época el artista comienza a crear objetos característicos de la vida moderna como un teléfono, un retrete, un ventilador, una tubería o un interruptor de la luz, que habitualmente suelen pasar desapercibidos, y los representa en diferentes tamaños, colores y versiones: “blandas”, “duras”, “gigantes” o “fantasma”, mostrando su permanente estado de transición o cambio.

Un ejemplo de ello son las versiones que se muestran en la exposición del interruptor de luz: “Interruptor sueco blando gigante (versión fantasma)” [”Giant Soft Swedish Light Switch (Ghost Version)”, 1966], “Interruptores blandos – “Versión fantasma” II” [”Soft Light Switches – “Ghost Version” II”, 1964-71], “Interruptores – Versión dura, réplica (marrón)” [”Light Switches – Hard Version, Replica (Brown)”, 1964–69], o de su famoso “Inodoro blando” (”Soft Toilet”, 1966).

Se trata de objetos cotidianos en los que tanto por su enorme escala como por el material con el que están desarrollados, unas veces de vinilo y otras de lienzo, generan todo un espectro de experiencias y sensaciones mostrándose unas veces humanos, otras exagerados e incluso grandiosos, desligándose de los elementos de producción industrial que se encuentran en el hogar.

En contraste con la “expresiva” vitalidad de los objetos de La tienda, los objetos de El hogar asumen una apariencia más “fría” debido al material de que están hechos, su tamaño desmesurado e incluso su flacidez. En este ir y venir entre identificación y extraña existencia independiente, estos objetos generan el espectador momentos de comicidad junto a sensaciones de distanciamiento o extrañamiento por la desnaturalización del propio objeto.

Durante la gestación de sus “esculturas blandas” Oldenburg ya había empezado a concebir la posibilidad de exponer sus objetos de consumo en espacios público. En el año 1965 comienza a idear proyectos utópicos para espacios al aire libre por medio de dibujos y acuarelas. Una serie de bocetos de monumentos públicos creados para Nueva York, Londres, Los Ángeles, Düsseldorf o París pueden contemplarse en la muestra.

Como el mismo artista manifiesta: “El humor es la única arma para sobrevivir”. De esta manera, en la grotesca exageración de objetos como el solitario y monumental oso de peluche, la pinza de la ropa, el ventilador o el plátano, Oldenburg convierte en una autentica caricatura la realidad social cotidiana.

Los “Monumentos” de Oldenburg responden a las implicaciones y significados históricos o sociales del lugar donde se ubican, Sin embargo, no son simplemente afirmaciones de la vida cotidiana en los Estados Unidos y de su política, sino también una sátira de su trivialidad, de lo absurdo de la vida urbana y, por lo tanto, símbolos de nuestro tiempo. Es el caso de la escultura en forma de barra de labios que se ubicó en la Universidad de Yale: “Lápiz de labios móvil y telescópico gigante” (”The Giant Traveling and Telescoping Lipstick”, 1969), considerada una auténtica proclama antibélica en protesta por la Guerra de Vietnam y una declaración en pro de la co-educación, ya que las mujeres no fueron admitidas en Yale hasta 1969.

 

Películas caseras

Además de los recortes de fotografías de prensa, una serie de películas en súper 8, que se muestran al público por primera vez, y que ponen de manifiesto el constante compromiso de Oldenburg con el medio cinematográfico, ofrecen una visión fascinante y privilegiada de la trayectoria del artista durante los años cincuenta y sesenta y desvelan la forma en la que sus ideas se desarrollaron.

Las imágenes, a menudo desenfocadas, muestran en ocasiones objetos artificiales, que se diría que se han convertido en algo monstruoso o que pretenden ser lo que no son. Imágenes de su archivo personal junto a grabaciones de los años cincuenta que muestran el Nueva York que inspiró “La calle” o la dedicación de Oldenburg a los monumentos a finales de la década de 1960 por medio de la filmación de un cementerio en el que las esculturas se convierten en los actores de un drama grandioso y único.

 

El Museo Ratón y el Ala de las pistolas de rayos

Finalmente, la muestra concluye con el “Museo Ratón”, un mini museo cuyo “edificio” fue creado con Coosje van Bruggen para la Documenta 5 de Kassel en 1972, cuya planta tiene forma de un Ratón Geométrico —dos círculos son las orejas, un cuadrado la cabeza y una forma fálica la nariz— y en cuyo interior una vitrina recoge 385 objetos que el artista ha coleccionado desde los años cincuenta como pequeñas maquetas, objetos encontrados, pistolas de rayos, juguetes comprados, chucherías, artículos de broma, objetos kitsch e incluso esculturas hechas por él mismo.

Al mismo tiempo se presentó el “Ala de las pistolas de rayos”, un “edificio” con forma de ángulo recto que albergaba las pistolas de rayos, encontradas o creadas por Oldenburg y otros artistas, entre las que también se encuentran las fotografías de las que fueron creadas de forma efímera.

En el Museo Ratón y en el “Ala de las pistolas de rayos”, Oldenburg refleja sus principales preocupaciones de la década de 1960 como si de su propio museo se tratara: la inversión de la escala, la mutación de la forma, la fusión de lo encontrado, lo producido industrialmente y lo creado artísticamente. Al mismo tiempo, también representa una nueva oportunidad para mostrar determinadas obras en espacios públicos, que habían ignorado los museos y galerías.








Fuente: Museo Guggenheim Bilbao


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