Caspar David Friedrich nace en septiembre de 1774 en Greifswald, ciudad universitaria situada en la Pomerania, al norte de la actual Alemania y volcada al Báltico a través de su puerto.
Caspar era el sexto de un total de diez hermanos, hijos de un fabricante de jabón y velas. Su vida y su obra estarán marcadas por el fallecimiento a los siete años de su madre y posteriormente la de su hermano.
Esta última fue marcadamente trágica para el artista ya que su hermano murió ahogado después de salvar al propio Caspar tras caer a un lago helado. Por ello no ha de sorprendernos el lenguaje melancólico de sus cuadros o el de ciertos temas como el de una de sus obras más conocidas “El Mar Helado” o “El Océano Glacial” (”Das Eismeer”).
La educación rÃgida del padre, dictada por severos principios protestantes y las enseñanzas extraÃdas del teólogo Gotthard Ludwig Kosegarten, influyen profundamente en el futuro pintor, determinando su visión del mundo y su especial relación con la naturaleza, “…tengo que entregarme a lo que me rodea, unirme con las nubes y las rocas, para ser lo que soy. Necesito la soledad para conversar con la naturaleza”.
Con veinte años decide inscribirse en la academia de Copenhague, que era considerada como una de las instituciones más liberales de Europa. Bajo la mirada de grandes maestros del paisaje como Abildgaard, Friedrich aprende a copiar modelos de yeso y a retratar el cuerpo humano. En 1894 se traslada a la Academia de Dresde, atraÃdo por el reclamo de una ciudad que en el siglo XVIII es llamada la Florencia alemana, debido a su belleza y a las ricas colecciones de arte que allà se ubican. Friedrich participó regularmente en las exposiciones de arte que se celebraban asiduamente en la ciudad y sus cuadros tuvieron ya allà una acogida positiva.
Este intenso perÃodo de estudio en Dresde concluye en la primavera de 1801. Es a partir de este momento, cuando el artista encamina sus pasos a lo que será su propia lÃrica pictórica.
Hacia 1808 Friedrich completa sus primeras obras maestras como “La cruz en la montaña (El retablo de Tetschen)” que goza de un amplio reconocimiento de la opinión pública. Este éxito, sin embargo, parece no satisfacer al pintor, pues según testimonian algunos de sus contemporáneos, ya habÃa intentado quitarse la vida en una ocasión. Según el pintor “la muerte es el principio romántico de nuestra vida. La muerte es… la vida”.
Una de sus obras maestras y uno de los lienzos más osados del romanticismo alemán será “Monje junto al mar”, que pinta hacia 1808. Friedrich rompe con todas las tradiciones; no existe ninguna profundidad debida a la perspectiva, ya que esta se pierde fundida en una extensión de nubes y mar. Esta obra suele interpretarse como una meditación sobre la inmensidad del Universo.
Alcanzado este punto, la pintura se convierte en instrumento para comunicarse con Dios. Sus paisajes aparecen envueltos en la niebla; abunda la nieve que cubre la naturaleza ya marchita y aparecen de manera casi omnipresente, sombras con iglesias góticas empapadas de religiosidad, que evocan sentimientos de esperanza cristiana.
La presencia recurrente de iglesias y ruinas góticas en sus pinturas y en la de otros artistas del siglo XIX se inserta en ese fenómeno que en época romántica se difunde por todo el continente europeo y se conoce con el nombre de historicismo.
Esta profusión de temas sombrÃos y fuertemente religiosos, comienzan a impregnar el espÃritu del artista y éste comienza a encerrarse en sà mismo y a volcarse en el silencio.
Y es esa una de las grandes virtudes de Friedrich, al trasladarnos a un mundo de silencio. Sus figuras humanas nos dan la espalda, están vueltos ante nuestra presencia… no están con nosotros. Estas figuras no hablan al espectador, ni siquiera se comunican entre sÃ. Parecen confortados en su aletargada soledad.
En una época en la que muchos artistas nórdicos se sienten atraÃdos por Italia, casi sorprende el hecho de que Friedrich, a lo largo de su vida no se decidiera por viajar allÃ. Al contrario, siente un auténtico desprecio hacia la moda italianizante de sus contemporáneos. No está interesado en la luminosidad del sur, ni en la pintura de los artistas alemanes que residen en Italia. Él se encuentra demasiado ligado a una concepción nórdica del paisaje como para ceder a la fascinación por Italia.
En 1818, Friedrich contrajo matrimonio con Caroline Bommer, de la cual no se sabe demasiado. Sà se aprecia la influencia de este hecho en su obra, sobre todo en que a partir de ahora, se multiplican las representaciones femeninas en los lienzos del artista. Incluso introduce nuevos elementos amables, donde antes sólo habÃa rocas y soledad.
Hacia 1830 Caspar parece encerrarse aun más en su mundo de lÃrica soledad de acantilados, nubes y mares. El artista parece que es ahora plenamente consciente de que su arte sólo tiene algo que decir a sus amigos más Ãntimos y que mejor le conocen. Se acercaba el ocaso del artista. Es en 1835, cuando Friedrich sufre un ataque de apoplejÃa que le produce parálisis de brazos y piernas. Era el fin de su carrera artÃstica. El fin de una fecunda carrera pictórica, si bien su vida, se prolongó todavÃa cinco penosos años más. Finalmente en mayo de 1840, Caspar expira incapaz ya siquiera de portar un lápiz y con serios problemas mentales.
Poco tiempo después, estaba ya casi totalmente olvidado. Su pintura estaba tan ligada a un estado de ánimo subjetivo que si unos lo admiraban, otros difÃcilmente lo toleraban. Pero será lo intrÃnseco de su arte, lo que le hace destacar de todos sus sucesores.
Redescubierto, hoy en dÃa está considerado como el genial pintor de la calma. Pero resulta importante considerar que su pintura influyó más allá de superficiales romanticismos. Friedrich no pintaba por puro placer, sino que trataba de representar la verdad silenciosa de las fuerzas ocultas de la naturaleza y la sublimidad sin respuesta de Dios. “Un hombre que ha descubierto la tragedia del paisaje”.

Otros Reportajes:
Los más comentados:
BiografÃa de Guillermo Vargas, Habacuc (18)
Museo Guggenheim Bilbao: Obra de arte del siglo XX (14)
Museo del Prado: Imprescindible (13)
La Primavera: Sandro Botticelli (13)
Alexander Calder (11)



Estás en:



Me encanta la obra de Caspar David Friedrich, sobretodo “Altar de Testchen” donde se muestra Cristo crucificado de perfil en la cima de una montaña solo y solamente rodeado por la naturaleza.
“Altar de Testchen” es su primera pintura de estilo maduro, la obra de Friedrich en aquel tiempo no fue del todo aceptada al haber el rol de paisajes en un tópico religioso, pero finalmente fue su primera pintura valorada.
“El pintor deberÃa pintar no solo lo que se encuentra frente a él, sino también lo que ve en su interior. Si no logra ver nada, deberÃa dejar de pintar lo que se encuentra frente a él”.
Caspar David Friedrich.
El escultor francés David d’Angers dijo esta frase refiriéndose a la obra de Friedrich “El mar de Hielo”: “Una montaña de hielo y restos de un barco que se ha estrellado en ella. Es una gran tragedia, sin ni un solo sobreviviente”.